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Las enfermedades cardiovasculares siguen encabezando las cifras de mortalidad en España, y los expertos advierten que el período posterior a un infarto es clave para evitar nuevas complicaciones. Por eso ha surgido un nuevo modelo de coordinación asistencial que promete mejorar el seguimiento y reducir reingresos, con implicaciones directas para pacientes y para las arcas públicas.
Ante la persistente brecha entre el alta hospitalaria y la atención comunitaria, nace EVA Bridge, una propuesta impulsada por la farmacéutica Daiichi Sankyo y apoyada por la Sociedad Española de Calidad Asistencial (SECA) y la Sociedad Española de Directivos de la Salud (SEDISA). Su objetivo: estrechar la colaboración entre Cardiología y Atención Primaria para asegurar un seguimiento más contínuo de las personas con enfermedad vascular aterosclerótica.
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Los datos recogidos por la iniciativa muestran problemas claros: más de tres de cada cuatro pacientes con riesgo alto no alcanzan los objetivos de colesterol LDL, y una proporción significativa abandona la medicación en el primer año tras un evento cardiovascular. En la práctica, esas deficiencias se traducen en más recaídas, más muertes evitables y un mayor gasto sanitario.
Participación y alcance
El diseño del modelo no es teórico: ocho hospitales aportaron experiencia clínica y organizativa para su definición. Entre los centros implicados figuran:
- Hospital Universitario de Bellvitge (coordinador del proyecto).
- Hospital Universitario de Cruces.
- Hospital Universitario Son Llàtzer.
- Hospital Universitario de La Candelaria.
- Hospital General de Valencia.
- Hospital de Ferrol.
- Hospital Costa del Sol.
- Hospital Universitario de Fuenlabrada.
Un seguimiento estructurado en fases
El programa plantea un itinerario de atención con duración aproximada de 12 a 15 meses, dividido en etapas que mezclan seguimiento presencial, contacto telefónico y monitorización clínica.
- Inicio y alta: información personalizada y hoja de ruta antes de abandonar el hospital.
- Seguimiento intensivo (primeros 15 días): visitas y llamadas proactivas para resolver dudas y reforzar la adherencia.
- Estabilización (2–6 meses): revisión de tratamiento, control de parámetros clave como el LDL y educación para prevenir recaídas.
- Continuidad a largo plazo (a partir del año): controles periódicos desde Atención Primaria y equipos multidisciplinares para mantener la estabilidad.
Este enfoque busca reducir la llamada inercia terapéutica —la falta de ajuste de tratamiento cuando los objetivos no se cumplen— y mejorar la adherencia mediante contactos proactivos y coordinación entre niveles asistenciales.
Impacto estimado
La iniciativa parte de cifras preocupantes: alrededor del 73 % de pacientes con riesgo cardiovascular elevado no alcanza los límites recomendados de LDL. Además, casi el 67,7 % de quienes han sufrido un infarto interrumpe la medicación en el primer año. Según las estimaciones del documento, mejorar la adherencia en apenas un 10 % podría evitar cerca de 8.700 muertes y suponer un ahorro superior a 75 millones de euros para el sistema sanitario.
Qué opinan los responsables
Para Víctor Reyes Alcázar, presidente de SECA, la mejora en la calidad asistencial pasa por implantar procesos organizados y evaluables que reduzcan la variabilidad entre centros. En la misma línea, José Soto, presidente de SEDISA, subraya que la transformación del sistema exige optimizar la gestión y eliminar fricciones entre niveles asistenciales, apoyándose en herramientas de coordinación y digitalización.
Desde el sector farmacéutico, Raquel Coca —responsable de Especialidades en Daiichi Sankyo España— defiende que una comunicación eficaz entre Cardiología, Atención Primaria y Enfermería permite respuestas más rápidas y homogéneas centradas en las necesidades del paciente.
Con las enfermedades cardiovasculares todavía al frente de las estadísticas de mortalidad, modelos como EVA Bridge pretenden cerrar la brecha entre el hospital y la comunidad en uno de los momentos decisivos para evitar nuevas complicaciones. Su efectividad dependerá ahora de su implantación real, del uso de herramientas digitales y de la implicación sostenida de profesionales y gestores sanitarios.
Fuente: La Nueva España












