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El centenario del Lyceum Club Femenino llega con escasa repercusión pública, a pesar de que esta asociación marcó cambios decisivos en la educación y la vida cultural de las mujeres en España. Un nuevo libro reconstruye su historia y recuerda por qué su memoria importa hoy, en un momento en que muchos logros femeninos vuelven a verse cuestionados.
Un legado que casi desaparece
Eva Cosculluela, periodista y antigua librera en Zaragoza, recupera en El club de las modernas (Seix Barral) la trayectoria de una institución fundada en los años veinte y que, desde sus primeras actividades, buscó poner la formación y la cultura al alcance de mujeres de distintas condiciones sociales.
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El Lyceum instaló su sede entre 1926 y 1931 en la conocida Casa de las Siete Chimeneas, hoy sede del Ministerio de Cultura. Pese a ello, la memoria pública tardó décadas en reconocer su existencia: no hubo siquiera una placa hasta la alcaldía de Manuela Carmena, y las conmemoraciones del centenario son por ahora discretas.
Cómo y por qué se invisibilizó
La historiografía y los medios tradicionales han tendido a priorizar figuras masculinas, según constata Cosculluela: muchas mujeres ni siquiera llegaron a ser registradas en libros y periódicos, y quedaron fuera de los relatos escolares.
La campaña de desprestigio fue intensa en su momento: desde acusaciones en la prensa hasta burlas sobre su vida privada. Tras la guerra civil la sede fue incautada y usada por la Sección Femenina; en muchos casos los fondos de la biblioteca fueron marcados para borrar la huella del Lyceum.
Proyectos y alcance
El Lyceum no fue solo un foro de tertulias: actuó como punto de encuentro cultural, plataforma profesional y espacio de apoyo social.
- Fundación: década de 1920; modelo inspirado en clubes europeos femeninos.
- Sede histórica: Casa de las Siete Chimeneas (Madrid).
- Actividades: conferencias, recitales y encuentros con figuras como Lorca, Unamuno o Alberti.
- Proyecto social clave: la Casa de los Niños, precursora de las guarderías públicas, con atención sanitaria y tres comidas diarias para hijos de trabajadoras.
- Financiación: cuotas de socias, donaciones y subvenciones a partir de la Segunda República.
- Desenlace: paralización en julio-agosto de 1936; cierre durante la guerra y exilio de muchas socias.
Mujeres que el libro rescata
Cosculluela pone nombre y biografía a figuras poco conocidas fuera de círculos académicos: médicas pioneras, diplomáticas, inspectoras de trabajo y promotoras culturales que abrieron caminos. Entre ellas destacan profesionales como Nieves González Barrio, que desarrolló trabajos sobre puericultura y salud infantil, e Isabel Oyarzábal, cuya carrera diplomática y pública terminó siendo borrada del recuerdo.

También reaparecen en las páginas del libro poetas y escritoras vinculadas al Lyceum —Concha Méndez, Ernestina de Champourcín, Carmen Conde, Josefina de la Torre— cuya presencia fue sistemáticamente minimizada en antologías y manuales hasta fechas recientes.
Un modelo de convivencia plural
Una de las notas definitorias del Lyceum fue su carácter transversal: no dependía de una línea política ni confesional y quiso ser un espacio donde mujeres de sensibilidades diversas trabajaran juntas. María de Maeztu, Victoria Kent o Clara Campoamor, entre otras, impulsaron una red que hoy podemos identificar como práctica temprana de sororidad.
Su apuesta por la formación no se limitó a las disciplinas tradicionalmente femeninas: promovieron el acceso a carreras como Derecho y Ciencias, y facilitaron alojamiento y laboratorios para que alumnas de fuera de la capital pudieran estudiar.
Por qué importa ahora
La recuperación de la historia del Lyceum llega en un contexto de debate sobre derechos y espacio público femenino. La experiencia de un club que logró reunir a mujeres con ideas opuestas en torno a objetivos comunes ofrece lecciones prácticas para los retos actuales: cómo organizar espacios abiertos al diálogo, cómo proteger logros sociales frente a retrocesos políticos y cómo hacer visibles aportaciones silenciadas.
Fragmentos de su declive y apropiación
Tras el estallido de la guerra civil el Lyceum dejó de funcionar como red activa. Memorias y documentos relatan que, concluido el conflicto, altos cargos procedieron a la incautación de la sede y a la reutilización del patrimonio intelectual con el objetivo explícito de borrar su huella.
El trato a la biblioteca es un ejemplo simbólico: ejemplares donados por el duque de Alba y otros benefactores vieron su antiguo sello cubierto por el de la organización que ocupó la casa, una práctica destinada a cortar la continuidad histórica.
Lecciones y legado
Que algunas de sus figuras hayan trascendido —María de Maeztu, Victoria Kent, Clara Campoamor— no atenúa la deuda con quienes permanecen ocultas en los archivos. El trabajo de recuperación de Cosculluela persigue no solo reponer datos biográficos, sino reubicar al Lyceum en la historia cultural y educativa del país.
Recuperar estas trayectorias es, según la autora, un paso necesario para que la historia de las mujeres deje de ser un apéndice y pase a formar parte del relato colectivo.












