Mostrar resumen Ocultar resumen
La Feria del Libro de Gijón cerró su décima edición con una celebración que puso de manifiesto algo más que afición por la lectura: la recuperación de un proyecto local convertido en motor cultural. El acto de clausura —la Fiesta de la Lectura— registró una asistencia inusual para la ciudad y dejó lecciones sobre la capacidad de las comunidades para reactivar su vida cultural.
La iniciativa, impulsada por un puñado de librerías gijonesas tras casi dos décadas sin feria, ha crecido paso a paso desde 2017 hasta consolidarse como cita anual. Este año, el evento recibió la **Medalla de Plata de la Villa de Gijón**, un reconocimiento institucional al esfuerzo conjunto de editoriales, librerías, bibliotecas y lectores que han sostenido la propuesta.
Los organizadores atribuyen el avance a la persistencia: trabajo continuado, alianzas locales y la idea clara de que fomentar la lectura es una tarea a largo plazo. Esa estrategia se tradujo en un cierre festivo que combinó encuentros con autores, intercambio de libros y un ambiente de fiesta popular muy ligado al paisaje gijonés.
Narco arrestado tras asesinato de Nacho en Málaga: fue detenido un año antes por intento fallido
Málaga-Madrid: vuelos desde 63 euros y plazas extra tras accidente en Adamuz
Un día de pueblo y de ciudad
El sábado de clausura llegó con un sol que invitó a salir a la calle tras días frescos y cambiantes. En el espacio reservado para la Fiesta de la Lectura se instalaron hamacas y se compartieron momentos en torno a la sidra y los bollos preñaos, elementos que vinculan la propuesta con las tradiciones locales.

Alrededor de dos centenares de personas acudieron con libros bajo el brazo, se produjeron intercambios espontáneos y los autores presentes —entre ellos Ricardo Menéndez Salmón, Juanma Gil y Nerea Erimia— participaron de la dinámica antes de volver a sus mesas o actividades dentro de la feria.
Qué dejó la edición
Más allá del número de asistentes, la feria sirvió para comprobar varias tendencias relevantes para la cultura local y para otras ciudades que buscan reactivar sus agendas culturales:
- Resiliencia organizativa: una propuesta surgida del sector privado puede, con tiempo y apoyo público, convertirse en referente.
- Vínculo comunidad-cultura: eventos que combinan oferta cultural y elementos de identidad local atraen mayor participación.
- Impulso a la lectura: la respuesta del público muestra que existe demanda cuando la oferta es constante y accesible.
La concejala de Cultura valoró este crecimiento como la prueba de que los proyectos culturales funcionan cuando satisfacen una necesidad real en la ciudadanía y cuentan con redes de apoyo. Esa mirada institucional se tradujo en la distinción oficial que otorga visibilidad y respaldo a la iniciativa.
El paisaje y la gente jugaron también su papel: Gijón ofreció la mezcla de ciudad y litoral que habitualmente atrae público y facilita la convivencia entre lo popular y lo literario. Entre lecturas en voz baja y el rumor del público, la jornada tuvo un aire relajado que, para muchos asistentes, fue parte del atractivo.
A modo de cierre personal, la autora de estas líneas describió cómo aquella tarde terminó con un baño nocturno en la playa de San Lorenzo: un gesto simbólico que resumió el sentimiento generalizado de reconocimiento y pertenencia tras una década de trabajo conjunto.












