Tarragona: hallan restos del saqueo napoleónico que cambian la historia local

Cossetània ha publicado recientemente El Setge, la novela histórica de Auda Gascón (Núria Abad Gascón) que recupera el asedio de Tarragona en 1811 y vuelve a poner sobre la mesa preguntas sobre memoria, violencia y responsabilidades. La obra, ganadora del XXXVII Premi de Narrativa Vila d’Ascó, conecta archivos militares, voces civiles y ficciones íntimas para explicar por qué este episodio sigue resonando hoy.

La novela se asienta sobre una documentación amplia —la autora incluye una bibliografía de unas treinta referencias— y alterna pasajes de prosa poética con capítulos de tono didáctico. Esa mezcla dota al relato de un pulso que obliga al lector a no quedarse en la superficie de los hechos.

En el centro del conflicto está la amenaza explícita del general francés Suchet, cuya promesa de tres días de saqueo funcionó como arma psicológica tanto como militar. Gascón explora cómo esa amenaza condicionó decisiones, fugas y resistencias en una ciudad que en cuestión de días vio desmoronarse su orden social.

La narración presta especial atención a las desigualdades del momento: las familias acomodadas que huyeron rumbo a Mallorca, el clero que trasladó el tesoro de la ciudad y la tropa que, en muchos casos, quedó desarticulada. La novela plantea con sutileza interrogantes sobre el papel de terceros —los británicos en el puerto, la influencia de redes secretas y la posible implicación de la masonería— sin convertirlos en certezas absolutas.

Entre los personajes históricos y ficticios destacan nombres que el lector local reconocerá: Senén de Contreras, el gobernador José González, el marqués de Campoverde, O’Donell y el sabio Antoni Martí i Franquès. También aparece La Mudeta, una novicia cuya presencia aporta humanidad y sorpresa al final.

  • Documentación: nota de la autora, un epílogo de corte histórico-militar y una bibliografía extensa.
  • Estilo: prosa lírica con fragmentos didácticos y evocaciones casi poéticas.
  • Temas: violencia bélica, huida y abandono, honor civil, responsabilidad política.
  • Contexto local: topografía de la Tarragona de principios del XIX (El Serrallo, fortín de la Oliva, Francolí, Hospital Sant Pau i Santa Tecla).
  • Lectura sugerida: apta para quien quiera combinar historia y novela con vocación crítica.

La autora abre el libro con citas de Olga Tokarczuk y Anne Carson que funcionan como marco reflexivo: escribir sobre el horror tiene una carga ética y estética que la novela asume sin retórica vacía. Esa decisión se refleja en capítulos breves y cuidados que, en ocasiones, rozan el poema en prosa.

Hay pasajes muy concretos que reconstruyen movimientos militares y la geografía de la ciudad —desde el Pla de la Seu hasta el palacio del Cambrer—, y otros que se preocupan por los afectos y la vida cotidiana bajo asedio. Esa alternancia hace que el lector avance con la sensación de escuchar a testigos de distintas clases sociales y sensibilidades.

La presencia de una nota historiográfica y un epílogo que contextualiza las operaciones militares aporta rigor: no se trata sólo de atmósfera literaria, sino de una voluntad por situar los hechos en fuentes concretas. A su vez, la novela no evade las lagunas; muchas preguntas sobre alianzas y omisiones siguen abiertas al cerrar el libro.

El resultado es una obra que dialoga con anteriores trabajos sobre el sitio de 1811, como las crónicas que recopiló el profesor José Sánchez Real, pero que apuesta por la ficción como herramienta para iluminar las experiencias individuales que las fuentes tradicionales no siempre capturan.

Para el lector contemporáneo, la novela plantea una cuestión práctica: ¿qué hacemos con episodios traumáticos de la historia local que permanecen en memoria parcial o fragmentada? El Setge sugiere que la literatura puede ser puente entre la pesquisa académica y la empatía histórica.

Su mezcla de rigor y dramatismo también la convierte en candidata natural para una adaptación audiovisual. No es una afirmación gratuita: la narración ofrece arcos de personajes nítidos, escenarios urbanos reconocibles y episodios de tensión sostenida.

Leer El Setge es, en definitiva, asomarse a una ciudad que se despliega entre ruinas, decisiones torcidas y actos de coraje inesperado. La novela recupera un episodio silenciado y obliga a mirar de frente las consecuencias de la guerra, desde la política hasta lo íntimo.

Si algo deja claro el libro es que la historia nunca es neutral: lo que queda en la memoria colectiva depende de quién cuenta, cómo y para qué. En ese sentido, la deuda con Tarragona que evoca la narración sigue vigente y merece cada relectura crítica.

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