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La llegada de Torrente Presidente a las salas, con una campaña inusual que prescindió de tráilers y sinopsis, ha reactivado el debate sobre la saga de Santiago Segura y su lugar en la cultura cinematográfica española. Un crítico en redes, conocido como The Rubiew, vio todas las entregas de un tirón y su repaso ha vuelto a poner sobre la mesa preguntas sobre la pertinencia de un personaje que divide opiniones casi tres décadas después.
El ejercicio del crítico no es solo una reseña: es un termómetro del público contemporáneo. Al enfrentarse a la primera película de 1998, encontró una pieza de humor con ritmo y sentido satírico que, según su lectura, diseña un retrato bastante fiel de la España previa al euro. También subrayó la presencia, como aporte de calidad, del actor Javier Cámara.
Un personaje que incomoda
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José Luis Torrente, encarnado por Segura, se describe como deliberadamente repulsivo: un personaje cuyas actitudes (misoginia, racismo y otros vicios sociales) forman parte del chiste y de la crítica original. Para The Rubiew, la construcción del personaje funciona desde la sátira, pero el problema recurrente es otra cosa: el afecto popular hacia Torrente. Lo que nació como blanco de burla en los noventa, se ve ahora celebrado por un sector del público, algo que plantea dilemas sobre los límites entre parodia y legitimación.
La conversación no es solo sobre películas: es sobre qué celebramos en pantalla y por qué, y sobre cómo cambian —o no— las sensibilidades culturales.
- Torrente (1998): considerada una sátira ágil y efectiva, con momentos bien medidos y un humor que sorprende por su ritmo.
- Torrente 2: Misión en Marbella (2001): vira hacia el cine de acción y se distancia de la mordacidad inicial; pretende ser una especie de aventura «a la española» pero, en opinión del crítico, no alcanza ese objetivo.
- Torrente 3: El protector (2005): señalada como la entrega más áspera, con gags que resultan para muchos demasiado toscos y repetitivos.
- Torrente 4 (2011) y Torrente 5 (2014): cambian el tono hacia la comedia ligera y el espectáculo de cameos; mantienen elementos problemáticos, pero los presentan de forma más blanda y orientada al entretenimiento.
- Torrente Presidente (2024): su estreno y la estrategia promocional han reavivado la discusión sobre la saga y su impacto en la opinión pública.
¿Relectura necesaria?
En su análisis, The Rubiew sugiere que la saga funciona como un espejo del gusto popular: sabe qué ver el espectador medio y lo ofrece sin complicaciones. Llega a establecer un paralelismo con otras producciones españolas centradas en personajes icónicos, aunque puntualiza que Torrente lo hace desde una óptica mucho menos actualizada en términos de sensibilidad social.
Ese planteamiento tiene implicaciones prácticas: plantea la posibilidad de que la serie sea revisitida desde ángulos críticos —académicos y mediáticos— para evaluar qué ha cambiado en la sociedad y qué permanece inalterado.
La curiosa campaña de Torrente Presidente también añade otra capa al debate: la viralidad y el misterio en el lanzamiento generaron expectación y polarizaron reacciones, lo que demuestra que la promoción puede reconfigurar la recepción crítica y pública de una obra.
En definitiva, la reevaluación impulsada por este visionado integral no solo es una guía para cinéfilos curiosos; es una llamada a discutir cómo se archivan y reinterpretan en el presente personajes concebidos para provocar y, a la vez, cómo la audiencia decide celebrarlos o cuestionarlos.











