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Los daños causados por la sucesión de borrascas a principios de año siguen condicionando la circulación en la Costa del Sol: tramos de la autovía presentan baches y hundimientos que complican el tránsito de miles de vehículos y aumentan el riesgo de incidentes. Vecinos y autoridades municipales reclaman reparaciones inmediatas mientras los conductores buscan alternativas cada vez menos viables.
En varios puntos de la provincia la imagen es repetida: pavimento levantado, parches que se desprenden y socavones que obligan a reducir la velocidad o a maniobrar bruscamente para esquivarlos. La situación se ha notado con especial fuerza en la A-7, una vía clave que soporta un intenso flujo de tráfico y que arrastra problemas de saturación estructural desde hace años.
Daños visibles y riesgos para quienes circulan
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Conductores relatan averías —neumáticos reventados, llantas dañadas— tras pasar por tramos deteriorados. El mal estado del firme no solo prolonga los desplazamientos: también eleva el riesgo de accidentes, sobre todo en horas punta y en condiciones meteorológicas adversas.
La alcaldesa de Mijas, Ana Mata, ha alertado oficialmente al subdelegado del Gobierno sobre el “preocupante” estado de la autovía en pasos por el municipio, identificando zonas concretas con hundimientos profundos que, según su informe, han empeorado tras las lluvias.
- Tramos más afectados: Faro de Calaburras, La Cala y El Chaparral, entre otros puntos de la A-7.
- Consecuencias: aumento de averías, mayor congestión y sensación de inseguridad entre los usuarios.
- Demandas: trabajos de reparación inmediatos y un plan de conservación más ambicioso para evitar recaídas tras nuevos episodios meteorológicos.
Por qué las reparaciones no han sido suficientes
Según las autoridades municipales, los materiales empleados en reparaciones temporales no han resistido las últimas precipitaciones ni el paso constante de vehículos pesados, lo que ha provocado nuevos desprendimientos y la reapertura de baches previamente cerrados. El resultado: intervenciones que son más parche que solución.
La falta de alternativas viables también agrava la presión sobre la A-7. La ausencia del tren litoral y el encarecimiento del peaje en la AP-7 —con una subida superior al 3% en 2026 y sin bonificaciones— reducen las opciones de movilidad para quienes buscan sortear los tramos más afectados.
Impacto económico y social
Para empresas de transporte y profesionales del sector logístico, el deterioro del firme supone costes adicionales por averías y retrasos. Para los residentes, incrementa la factura diaria: más tiempo en la carretera, mayor consumo de combustible y riesgos añadidos en trayectos cotidianos.
En este contexto, las peticiones de vecinos y ayuntamientos se centran en dos medidas concretas: ejecutar reparaciones estructurales en los tramos dañados y diseñar un mantenimiento preventivo que minimice la aparición de nuevos socavones con cada episodio de lluvia intensa.
Qué puede esperar el usuario
Mientras no se acometan obras de mayor calado, es probable que los conductores sigan encontrándose con cortes temporales, límites de velocidad reducidos y desvíos puntuales para permitir actuaciones de emergencia. La presión pública y las peticiones institucionales apuestan por acelerar las intervenciones antes de la temporada estival, cuando el tráfico aumenta.
La situación en la A-7 y otras vías de la comarca pone en evidencia la necesidad de combinar reparación inmediata con planificación a medio plazo: sin inversiones sostenidas en conservación y sin alternativas de transporte accesibles, los problemas se repetirán con cada nueva borrasca.












