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La poeta serbia Radmila Petrović irrumpió en la escena literaria durante la pandemia con un libro que conectó con miles de lectores y volvió viral una lectura en televisión; su caso resume por qué la poesía sigue siendo un instrumento potente para hablar de violencia de género, identidad y memoria en tiempos de redes y polarización. Hoy su trayectoria plantea preguntas sobre la visibilidad literaria, la vida profesional de quienes escriben y el papel del lenguaje íntimo en debates públicos.
Un debut que no parecía planificado
Estudiante de Economía en Belgrado, Petrović encontró la escritura como refugio en su último año de estudios. Un taller liderado por el poeta Zvonko Karanović le abrió la puerta a la publicación y, poco después, su primer libro llegó al mercado: Mi mamá sabe lo que pasa en las ciudades, editado por La Tortuga Búlgara en 2020.
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El poemario se convirtió en un fenómeno regional: vendió alrededor de 14.000 ejemplares solo en Serbia y sus versos provocaron una reacción emocional visible en la televisión nacional, cuando una presentadora rompió a llorar tras una lectura en directo. Para Petrović, aquel estallido fue también el comienzo de aprender a vivir de la escritura, algo que no figuraba en sus planes iniciales.
El oficio entre la urgencia y la espera
La autora describe su proceso como variable: hay poemas que nacen y parecen cerrarse el mismo día, y otros que requieren años para completarse. En su último trabajo —una mezcla de poemario y narrativa— llegó a acumular decenas de textos inconclusos hasta dar con la forma adecuada.
Además, Petrović habla de un distanciamiento rápido respecto a lo publicado: cada libro, una vez en manos del público, deja de pertenecer totalmente a quien lo escribió y se incorpora a la historia. Ese desapego le permite mirar sus propios textos como si los hubiera escrito otra persona y avanzar hacia nuevas propuestas.
Temas centrales: de la intimidad al conflicto público
El libro aborda, con una voz directa y sin florituras, asuntos que hoy siguen siendo urgentes en la región y en el mundo: violencia de género, identidad sexual, memoria, nostalgia y el peso de la familia. Petrović confiesa que escribe aquello que teme decir, y reivindica el control sobre el lenguaje como forma de protección y revelación simultáneamente.
En su obra hay una tensión constante entre la vulnerabilidad y la voluntad de desobedecer las expectativas sociales. Para ella, lo personal tiene efectos políticos: narrar la cotidianidad femenina equivale a cuestionar mandatos patriarcales y a practicar una forma de libertad continua.
Infancia, mitología y el tránsito del campo a la ciudad
Lejos de idealizar la niñez, Petrović reconoce que no creció en un “paraíso infantil”; sin embargo, sí recuerda la figura de su abuelo como responsable de su fascinación por la magia y los ritos. Esos recuerdos funcionan en los poemas como intentos de completar vacíos y responder preguntas que no pudo formular en vida.
La mudanza del campo a la ciudad no fue solo geográfica: fue una salida frente a la violencia y una búsqueda de autonomía. Aun así, el mundo rural aportó la mitología y el asombro que la urbe no supo reemplazar.
- Publicación: 2020, La Tortuga Búlgara.
- Ventas: unas 14.000 copias en Serbia.
- Temas principales: violencia de género, identidad sexual, memoria, familia, nostalgia.
- Proceso creativo: mezcla de urgencia y reelaboración a largo plazo; textos que a veces necesitan años para cerrarse.
- Relevancia actual: su obra conecta con debates sobre derechos LGBT, feminismo y la visibilidad de voces balcánicas en un contexto pospandemia y digitalizado.
Poética y ecos del presente digital
Petrović reflexiona sobre la situación actual de la poesía: aunque el formato vive marginado en el mercado, sigue teniendo capacidad de impacto que la prosa no siempre alcanza. Critica la sobreproducción literaria sin lectura previa y sostiene que la poesía exige sentir más que analizar, especialmente en una era donde la sobreabundancia informativa reduce la experiencia del asombro.
Su trayectoria pone de relieve una paradoja contemporánea: la misma red que fragmenta la atención también puede amplificar lecturas íntimas hasta convertirlas en fenómenos culturales. En ese sentido, su caso demuestra que la poesía puede seguir siendo un motor de conversación y cambio social cuando encuentra canales de difusión masiva.
Radmila Petrović continúa publicando y revisando su obra desde la distancia que la experiencia le otorga; su voz representa a una generación que usa la literatura para nombrar heridas, desafiar expectativas y buscar nuevas formas de pertenencia en un mundo cada vez más interconectado.












