John Irving: instrucciones sobre su vivienda sacuden a familiares

John Irving vuelve a un territorio que le es familiar pero lo mira desde otro ángulo: en La reina Esther el autor retoma el universo del orfanato y el médico que ya habitó una de sus grandes novelas, y lo hace con una protagonista cuya historia conecta Maine con Viena y con los grandes debates sobre la filiación y la pertenencia. La novela llega ahora a lectores en español con una traducción reciente que recupera el humor melancólico y la ambición narrativa de Irving.

Publicado cuatro décadas después de Príncipes de Maine, reyes de Nueva Inglaterra, este libro sitúa la acción en 1908, en el estado de Maine. Una noche de ventisca deja en el porche del orfanato St. Cloud’s a una niña pequeña: es la semilla de una trama que cruzará continentes y generaciones.

Al frente del orfanato aparece de nuevo Dr. Wilbur Larch, figura ya conocida en la obra de Irving: médico con secretos, costumbres extrañas y métodos controvertidos que marcan el tono de la institución. La niña abandonada se llama Esther Nacht, huérfana nacida en Viena y criada, en parte, por una familia de Maine.

Los Winslow representan el calor doméstico y la disciplina cultural: Constance, bibliotecaria; Thomas, maestro devoto de Dickens. Su costumbre de acoger niñas como parte de la casa convierte a Esther en un eslabón entre mundos distintos. A partir de ahí la novela explora cómo se teje la identidad entre afectos adoptivos y orígenes perdidos.

Entre los hilos narrativos aparece un acuerdo familiar que complica la noción tradicional de maternidad: Esther hace un pacto con Honor, la hija menor de los Winslow, y el resultado es James —Jimmy—, un niño criado por Honor y marcado por el silencio sobre su progenitora biológica. Ese gesto sobre la parentalidad resuena a lo largo de la novela.

Qué contiene La reina Esther

  • Escenario: Maine (1908) como cruce de pequeñas comunidades y raíces transatlánticas.
  • Personajes centrales: Esther Nacht, el Dr. Wilbur Larch y la familia Winslow.
  • Temas: identidad, filiación, sexualidad, prácticas médicas históricas y la fuerza de la literatura.
  • Estilo narrativo: trama no lineal, saltos temporales y un humor a la vez triste y luminoso.
  • Traducción al español: edición reciente a cargo de Juan Trejo, que dialoga con las versiones anteriores de la obra de Irving.

Irving no cuenta los hechos de forma cronológica estricta. La novela se despliega por capas: escenas cotidianas, confesiones médicas, viajes a Viena e impulsos hacia Israel forman una red que revela la vida de Esther con progresiva nitidez. El resultado es una lectura que exige paciencia pero recompensa con momentos de claridad emocional.

En la práctica, La reina Esther vuelve sobre preocupaciones recurrentes en la obra de Irving: la búsqueda del sentido individual, los conflictos en torno a la sexualidad y las decisiones médicas que condicionan destinos. En el centro, la literatura aparece como fuerza reparadora: los personajes leen, citan y se modelan a partir de novelas que funcionan como códigos de supervivencia.

El tono combina ironía y compasión. Hay escenas de humor doméstico y otras de gravedad ética; la mezcla es deliberada y sirve para que el lector confronte asuntos contemporáneos —maternidad, adopción, identidades múltiples— a través de la distancia histórica de la novela.

La traducción de Juan Trejo mantiene la fluidez y la riqueza léxica sin sacrificar los matices culturales; se percibe un trabajo cuidadoso que sitúa la novela con naturalidad en español sin perder la voz del autor. Los lectores que conocen la versión cinematográfica de la obra anterior —dirigida por Lasse Hallström— encontrarán reconocibles ciertos ecos, pero también un desplazamiento temático claro hacia la perspectiva de Esther.

Por qué leerla ahora: la novela habla de pertenencia en un mundo de desplazamientos y de decisiones privadas que, en su momento, eran públicas y polémicas. Ofrece una mirada amplia sobre cómo se construyen las familias y cómo la memoria —personal y colectiva— redefine el pasado. Para quienes siguen a Irving, es una expansión notable de su universo; para nuevos lectores, una puerta de entrada a sus obsesiones centrales.

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