Joséphine Baker en 1927
Joséphine Baker en 1927 / Foto: Artnet.com en Wikipedia.

Joséphine Baker, registrada al nacer como Freda Josephine McDonald, nació en la ciudad de San Luis, en el sureño Misuri, Estados Unidos, en 1906. Su padre, Eddie, era un músico callejero de origen español que abandonó a la familia cuando era una niña. Su madre, una afroamericana llamada Carrie McDonald, adoptada de pequeña por un matrimonio de antiguos esclavos (de origen africano e indio) trabajaba para los blancos en el servicio doméstico, de forma que Joséphine tenía ancestros de esclavos afroamericanos, amerindios y españoles.

Sus primeros años no fueron diferentes de las niñas negras y pobres que poblaban los barrios más miserables de San Luis ―el suyo era el barrio mestizo de Mill Creek Valley―.  Creció limpiando casas y haciendo de niñera para las familias blancas adineradas que le recordaban, como se recoge en una de sus biografías: «asegúrate de no besar al bebé». No debió ser una infancia ni fácil ni mucho menos feliz. Cuenta, otro de sus biógrafos, que una de sus empleadoras la maltrataba porque consumía mucho jabón haciendo la colada. Con doce años dejó la escuela y con trece cambió el servicio doméstico para trabajar como camarera, todo ello con temporadas en que vivió como una niña de la calle, durmiendo en refugios de cartón, buscando comida en los contenedores de basura y bailando en la calle para los transeúntes. Con apenas trece años se casó, aunque fue un matrimonio que duró menos de un año.

Por otro lado, y pese a todo, nunca dependió financieramente de un hombre, algo inusual para una mujer durante su época, así que esta libertad ―tuvo claro que sin independencia económica se convertía en un bulto sospechoso― le permitió romper cualquier relación cuando lo creyó conveniente. Se casó y se divorció tres veces más: con el guitarrista de blues Willie Baker en 1921, de quien conservó el apellido; con el francés Jean Lion, magnate del azúcar, en 1937, logrando la ciudadanía francesa y, diez años más tarde, con el compositor y director de orquesta francés Jo Bouillon. El matrimonio adquirió un castillo en Dordoña que sirvió como residencia y albergue de los doce niños adoptados por la pareja, de diferentes nacionalidades. Era su proyecto con el fin de demostrar la convivencia de diferentes «razas”. Todos los adoptados adoptaron el apellido del padre adoptivo.

Durante la ocupación de Francia en la Segunda Guerra Mundial trabajó para la Resistencia como espía contra la Alemania nazi

Josephine llevaba el ritmo en el cuerpo: fue bailarina, cantante y actriz. Se convirtió en un icono musical, pero esta “Venus de Bronce”, “Perla Negra”, “Diosa Criolla”, “Sirena de los Trópicos” y “Venus de Ébano”, como fue conocida, no solo fue una estrella mediática, ya que su compromiso político antifascista y social antirracista la convirtieron en otro icono mucho más alejado del “glamour” de los focos y las tablas. Durante la ocupación de Francia por los nazis durante la Segunda Guerra Mundial, ya como ciudadana francesa, trabajó para la Resistencia como espía contra la Alemania nazi ―al finalizar la guerra le fue otorgada la Croix de Guerre y años después la Legión de Honor― y también como activista por los derechos de las personas negras[1].​Tras la muerte del Martin L. King en 1968 su esposa, Coretta, le ofreció la presidencia de honor del movimiento que había liderada su marido, aunque ella lo rechazó.

En su faceta artística, con 14 años ganó su primer concurso de baile, y de ahí en adelante encauzó su vida hacia la danza. Con solo dieciséis años de edad dejó a su segundo marido para probar suerte en Nueva York, porque su deseo era trabajar en Broadway, pero su gran ocasión se presentó en 1925 cuando conoce a Caroline Dudley Reagan, esposa del agregado comercial de la embajada de Estados Unidos en París, que la invita a viajar a París para trabajar en un club que el marido iba a montar el marido. En septiembre llega a París y estrena su famosa faldita de plátanos como única vestimenta para bailar la “Danse Sauvage” que entusiasmó a los parisinos. En su libro La historia del Music Hall Sebastián Gash así la describe: “su risa cegadora de mulata ensombrecía la luz de los reflectores (…) Su aparición produjo el flechazo”. Solo cabe decir que pintores, escritores y diversas personalidades de la cultura y el arte galo se convirtieron en incondicionales de su arte, que algunos han querido relacionar con el jazz, el dadaísmo, el arte negro y el cubismo. En esta época conocerá y contratará como secretario a Georges Simenon, quien llegaría a ser un famoso escritor de novelas de misterio. Después de una gira por Europa ―llegó a actuar en España a final de los años 20― fue la vedette del “Folies Bergère” y luego abrió su propio club “Chez Joséphine”. En 1927 se estrenó su primera película La Sirène des Tropiques, a la que seguirían Zouzou y Princesse Tam Tam. Durante la segunda mitad de los años 1920 y los años 1930 fue además una destacada modelo fotográfica y pin-up y graba sus primeros discos, entre ellos un tango “Voluptuosa”, del compositor andaluz José Padilla[2].

En 1936 regresó a los Estados Unidos, aunque buena parte de la opinión pública atacó la promiscuidad de sus actuaciones y varios hoteles y restaurantes impidieron a la artista su entrada

En 1936 regresó a los Estados Unidos, aunque buena parte de la opinión pública atacó la promiscuidad de sus actuaciones y varios hoteles y restaurantes impidieron a la artista su entrada. Finalmente, Joséphine regresó a París, donde adquirió la ciudadanía francesa al casarse con el magnate del azúcar Jean Lion, que tuvo problemas por ser judío durante la ocupación alemana de Francia. Viajó también a Cuba regresó de nuevo a los Estados Unidos, donde apoyó los movimientos de promoción social afroamericanos. Luego hizo una gira mundial de despedida y se retiró del mundo del espectáculo, aunque más tarde tuvo que actuar de nuevo por las dificultades económicas derivadas de mantener a su tribu “del arco iris”, a pesar de las ayudas recibidas por la entonces Princesa de Mónaco Grace Kelly, amiga personal. Participó en la marcha sobre Washington, en 1963.

Cuando murió, en 1975, era una persona muy querida y respetada, y fue la primera mujer de origen estadounidense en recibir honores militares en sus funerales, celebrados en Francia, aunque su tumba se encuentra en el cementerio de Mónaco. Charles Onana escribió un libro titulado Joséphine Baker contra Hitler donde detalla sus trabajos como resistente al servicio de la Francia libre.

Brian Bouillon Baker, uno de los hijos de Joséphine, definía así a su madre: “Mi madre era una gran idealista, una utópica. Creía en el ideal de fraternidad universal y quiso demostrarlo con nuestra familia”. Su figura sigue apasionando a cineastas como Sylvain Chomet en su película Les triplettes de Belleville (2003) o Julie Taymor con Frida (2002) aludiendo a la relación entre la pintora mexicana y la estrella francesa, así como en series televisivas como “El Ministerio del Tiempo” (cap. 14 de la 4ª temporada), entre otras. Incluso en películas de animación como Anastasia (1997).

En 2021 se convirtió en la sexta mujer y la primera negra en ser enterrada (simbólicamente) en el Panteón Nacional.

Por Rosa M. Ballesteros Garcia, Vicepresidenta del Ateneo Libre de Benalmadena

benaltertulias.blogspot.com


[1]Se dice que utilizaba sus partituras musicales para ocultar los mensajes.  

[2] Raquel Meller, Barbra Streisand, Sara Montiel o Maurice Chevalier (Luces de la ciudad). Sus temas aparecen en películas dirigidas por Ridley Scott, Theo Angelopoulos, Woody Allen, Ernst Lubitsch o Federico Fellini.