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María Jesús Montero abandona temporalmente la cúpula del Ejecutivo para encabezar la lista socialista a la presidencia de la Junta de Andalucía en las elecciones del 17 de mayo, un movimiento que redistribuye poder en el PSOE y cambia la hoja de ruta política en Madrid y en Sevilla. La salida de una ministra de perfil alto plantea dudas sobre el impacto en la gestión nacional y la estrategia electoral en una comunidad donde los socialistas atraviesan dificultades.
Una trayectoria continuada en la administración pública
Nacida en Sevilla en 1966, Montero es licenciada en Medicina por la Universidad de Sevilla y tiene plaza fija en el Hospital Virgen del Rocío desde mediados de los años 80. Su perfil profesional —médico y gestora hospitalaria— fue la rampa para su salto a la política institucional.
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Desde principios de los años 2000 ha ocupado puestos relevantes sin interrupciones prolongadas: pasó de la dirección en centros sanitarios a la viceconsejería autonómica y, a partir de 2004, inició una etapa estable en el Gobierno andaluz que se prolongó hasta 2018, cuando dio el salto a la política nacional con la llegada de Pedro Sánchez a La Moncloa.
| Año | Cargo | Ámbito |
|---|---|---|
| 2002 | Viceconsejera de Salud | Junta de Andalucía |
| 2004–2013 | Consejera de Salud | Junta de Andalucía |
| 2013–2018 | Consejera de Hacienda | Junta de Andalucía |
| 2018–2026 | Ministra de Hacienda; portavoz; vicepresidenta | Gobierno de España |
| 2022– | Vicesecretaria del PSOE | Partido |
| 2026 | Candidata a la Presidencia de la Junta | Andalucía |
Gestión sanitaria y económica: logros y señalamientos
Durante casi una década al frente de la sanidad andaluza impulsó reformas que hoy reivindica públicamente: normas sobre la muerte digna, avances en investigación con células madre y la regulación del diagnóstico genético preimplantatorio figuran entre sus banderas. Al mismo tiempo, su etapa se asocia a un crecimiento de las listas de espera y a la consolidación de acuerdos con la gestión privada.
En 2012, por ejemplo, firmó varios conciertos con clínicas privadas que sumaron cientos de millones de euros, un dato que suele aparecer en el balance crítico de aquellos años. Su perfil pasó luego a la gestión de las cuentas regionales y, más tarde, a la Hacienda del Estado, donde amplió su influencia política.
Regreso a Andalucía y consecuencias para el Gobierno
El traslado de Montero a Sevilla supone que el Ejecutivo pierde a una figura cercana a Sánchez; su marcha se interpreta como una apuesta por reforzar la campaña andaluza con un nombre conocido y con experiencia tanto regional como nacional.
Montero no renunciará por ahora a su escaño en el Congreso ni a su plaza en el hospital, decisiones que ella argumenta como garantía de retorno profesional y que, a la vez, mantienen su condición de parlamentaria con las protecciones que ofrece el estatus legal de los diputados.
- Impacto electoral: su candidatura busca reforzar la marca PSOE en una comunidad que ha mostrado desgaste para el partido.
- Vacío en el Ejecutivo: su salida obliga a reorganizar carteras y responsabilidades en el Gobierno nacional.
- Mensaje político: el partido envía a una figura con experiencia administrativa y conocimiento territorial para recuperar terreno.
- Riesgos y oportunidades: la maniobra puede revitalizar la campaña socialista o, en caso de resultados negativos, debilitar aún más la posición del PSOE en ambas órbitas.
En las próximas semanas la candidatura definirá su programa y la estrategia de campaña, mientras el calendario electoral apremia: la cita con las urnas está fijada para el 17 de mayo. Para Montero, el reto es reconectar con el electorado andaluz tras años en la política nacional; para el PSOE, es una prueba sobre su capacidad de recuperar terreno en una de las comunidades más disputadas políticamente.












