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La novena edición de los Diálogos Transversal, celebrada este fin de semana en el hotel Le Meridien Ra de El Vendrell, reunió a un público numeroso y abrió debates sobre música, cómic, transformación urbana y memoria cultural. Lo que ocurrió en estas jornadas importa ahora porque refleja tensiones actuales: la supervivencia de la cultura local, las condiciones del sector editorial y los efectos sociales de la renovación urbana.
El acto inaugural contó con la presencia del alcalde, Kenneth Martínez, quien situó el festival en una tradición amplia que vincula relato y sonido desde épocas antiguas. La sala, con aforo para 150 personas, llegó a llenarse en las sesiones centrales, algo que los organizadores interpretan como señal de interés por conversaciones públicas sobre cultura.
De la música a la palabra
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Las intervenciones comenzaron con un diálogo entre el novelista y biógrafo Miguel Dalmau y la compositora e intérprete Sílvia Comes, que repasaron la influencia de los cantautores y las estrategias para convertir versos en canciones. La compositora y pedagoga Carlota Baldrís cerró esa jornada con un recorrido por momentos clave de la vida de Pau Casals, acompañado por antiguos alumnos de la Escola de Música de El Vendrell que interpretaron piezas para violonchelo vinculadas al legado del maestro.
El cómic reclama su nombre
En la mesa dedicada al noveno arte, Quim Nogueró y Fernando de Felipe debatieron sobre la definición y las condiciones del mercado. De Felipe defendió la palabra cómic frente a etiquetas como “novela gráfica” y alertó sobre la presión económica que obliga a muchos autores a ampliar la extensión de sus obras sin una compensación proporcional.
Ese intercambio puso de relieve un problema estructural: las transformaciones en el sector editorial que, según varios asistentes, obligan a creativos y editoriales a replantear formatos y modelos de negocio.
- Asistencia destacada: público lleno en varias sesiones, buena respuesta local.
- Temas centrales: música y literatura, mercado del cómic, memoria cultural y gentrificación.
- Reivindicación: autores y editores advierten sobre la precariedad creativa y comercial.
- Memoria local: homenaje a figuras regionales y debate sobre lugares en conflicto.
Cambios culturales y recuerdos
Los periodistas y editores Sergio Vila-Sanjuán y Jordi Amat abordaron medio siglo de transformaciones culturales desde la democracia. La conversación incluyó recuerdos para la editora Beatriz de Moura y referencias a hitos recientes de la escena musical contemporánea, citando un concierto reciente como ejemplo de intensidad cultural para algunos asistentes.
Por la tarde, la escritora Llucia Ramis, el periodista Miquel Molina y el promotor de la llamada “liternatura”, Gabi Martínez, confrontaron la idea de ciudad cambiada por procesos económicos y turísticos. Ramis resumió una de las funciones de la literatura como herramienta para trazar mapas de lo que desaparece; el rumor del mar, presente en el auditorio, subrayó la sensación de lugar en disputa.
Heridas abiertas y conflictos olvidados
La mesa titulada Heridas abiertas reunió al poeta David Castillo, al experto en la causa saharaui Pablo Ignacio Dalmases y al ensayista Marc Casals para hablar de territorios y memorias aún sin resolución. El debate se centró en cómo la literatura y la crónica mantienen viva la atención sobre conflictos que de otro modo se diluyen en la agenda pública.
El festival cerró con un homenaje a Alfons Morillas, figura local que combinó la labor bibliotecaria con la escritura y dejó una huella moral en la comarca. El recuerdo fue especialmente sentido para José Luis Espina, impulsor de Transversal, que coordinó la edición junto al director del hotel, Conor Cushnahan.
Con el respaldo del Ayuntamiento de El Vendrell, la Asociación Colegial de Escritores de Cataluña y CEDRO, los organizadores celebraron que el diálogo cultural siga activo en la Costa Dorada, pero también advirtieron sobre la necesidad de condiciones más sostenibles para artistas, editores y espacios culturales.
Implicaciones para la comunidad: estas jornadas no solo celebran la cultura local, sino que exponen problemas concretos —desde la precariedad en la producción editorial hasta la presión inmobiliaria sobre barrios y bibliotecas— que afectan a lectores, creadores y vecinos por igual. Mantener estos foros abiertos, concluyeron varios ponentes, es una herramienta para conservar memoria y negociar el futuro colectivo.











