Montero desata indignación al calificar usuarios de Adipa como personas con problemas de salud mental

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La visita de la ministra y candidata socialista María Jesús Montero a Antequera terminó en un choque público por un uso inexacto del lenguaje al referirse a los usuarios de una asociación local. El episodio, ocurrido el 16 de abril de 2026, reabrió el debate sobre el trato a las personas con discapacidad y las repercusiones políticas a pocos meses de las elecciones autonómicas.

En un breve encuentro con medios locales, Montero cometió dos deslices: primero pronunció mal el nombre de la entidad; después habló de “personas con enfermedad mental” al describir la importancia de su apoyo social. La asociación afectada es la conocida como ADIPA, organización que celebra su 50 aniversario y que trabaja con personas con discapacidad intelectual y del desarrollo.

La respuesta municipal

El alcalde de Antequera, Manuel Barón, reaccionó con contundencia en redes sociales y en declaraciones públicas. Lo que subrayó no fue solo el error nominal, sino el uso de una etiqueta considerada impropia por familiares y profesionales: señaló que los usuarios son personas con diversidad funcional, no “enfermos mentales”, y reclamó respeto hacia la entidad y sus usuarios.

Barón también aprovechó para cuestionar otra parte de la visita: la presentación de obras en un centro de salud. Según el regidor, la reforma fue anunciada por el Ejecutivo andaluz en 2023 y la instalación no es una inauguración “desde cero”, sino una remodelación de un edificio con décadas de historia.

  • 16 abr. 2026: Montero visita ADIPA en Antequera; confunde nombre de la entidad.
  • En la breve entrevista, emplea la expresión “enfermedad mental” para referirse a los usuarios.
  • El alcalde publica reproches en redes y confronta la narrativa sobre la remodelación del centro de salud.
  • ADIPA, ONG declarada de utilidad pública, recibe atención mediática en su 50.º aniversario.

ADIPA desarrolla programas desde la atención asistencial hasta la inserción laboral con el objetivo declarado de la integración social de las personas a las que atiende. Debido a su arraigo local, cualquier desajuste terminológico o comunicativo adquiere resonancia política inmediata en la ciudad.

Por qué importa ahora

El incidente tiene varias lecturas relevantes para los lectores: en primer lugar, subraya la sensibilidad creciente frente al lenguaje que describe la discapacidad y la exigencia de precisión por parte de familias y entidades. En segundo lugar, muestra cómo una visita electoral puede derivar en polémica por detalles aparentemente menores, con riesgo de desgastar la imagen pública de una candidata en campaña.

Además, la controversia plantea preguntas prácticas: ¿cómo corrigen los partidos estos errores? ¿Habrá rectificación pública o explicación más amplia? Y, para la comunidad local, ¿qué impacto tendrá en la relación entre la administración y una organización que cumple medio siglo de servicio?

En un contexto político tenso, los matices del discurso y la forma en que se comunican las políticas pueden marcar la diferencia entre una visita que suma apoyos y otra que genera reproches. Para ADIPA y las personas a las que representa, el debate sobre terminología y reconocimiento institucional sigue siendo central.

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