Pogacar podría gastar 5.000 calorías en una etapa: más de 100.000 en la Gran Vuelta

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En el ciclismo profesional, la nutrición deja de ser una recomendación y se convierte en una herramienta de rendimiento: en la temporada actual, Tadej Pogacar y su equipo mantienen una dieta calculada al detalle para afrontar jornadas de esfuerzo extremo. Lo que comen y cuándo lo comen determina recuperaciones, resultados y la gestión del riesgo durante carreras de tres semanas.

Los requerimientos de un deportista de alto nivel no se parecen a los de quien tiene un trabajo sedentario: horas sobre la bicicleta, intensidades máximas y etapas que superan los 200 km obligan a planificar calorías y macronutrientes con precisión.

Gorka Prieto, responsable de la alimentación de Pogacar desde 2020, articula menús que priorizan la energía disponible sin sacrificar recuperaciones. Esa labor ha sido parte del soporte detrás de victorias recientes como el último Tour de Francia y el Giro de Italia.

Prieto calcula que durante una etapa exigente un corredor como Pogacar puede llegar a quemar en torno a 5.000 calorías. Extendido a toda una vuelta por etapas, ese gasto se traduce en una suma que puede superar las seis cifras a lo largo de las semanas de competición. La consecuencia práctica: no basta con comer más, hay que elegir cuándo y qué nutrientes priorizar para evitar fatiga acumulada y problemas digestivos.

Adaptar la alimentación al perfil de la etapa

No existe un menú único. El equipo aplica una pauta de base diaria, pero la modifica según el terreno: una llegada en alto exige combustible para subidas prolongadas; una etapa llana, reservas para sprints sostenidos; una contrarreloj, energía concentrada y digestiones ligeras.

Comida y recipientes organizados para la alimentación según el perfil de la etapa
La alimentación se adapta al terreno: más carbohidratos en montaña, reservas en etapas llanas.

La flexibilidad es clave: estrategia, logística del pelotón y horarios de descanso influyen tanto como las cantidades de carbohidratos, proteínas y grasas.

El papel del día libre o ‘cheatmeal’

Dentro de ese control estricto hay espacio para cierta indulgencia. Los profesionales reservan una jornada para relajar el conteo estricto de calorías con el objetivo de mantener la salud mental y reducir el riesgo de atracones posteriores.

Helado sobre una mesa representando un 'cheatmeal' en día de descanso
Un ‘cheatmeal’ controlado ayuda a la salud mental sin afectar el rendimiento.

  • Propósito: ofrecer alivio psicológico y metabólico sin desestabilizar la competición.
  • Cuándo: suele programarse en la jornada de descanso o el día anterior a una etapa menos exigente.
  • Ejemplo: Pogacar llegó a pedir, durante un descanso en el Giro, un helado con sabores poco convencionales —una pequeña licencia dentro de un control estricto—.

Ese día no implica permisividad total: se trata de dar “una alegría” controlada, no de recuperar hábitos poco compatibles con el rendimiento profesional.

Alimentos que se evitan a toda costa

Aunque exista margen para excepciones, el staff nutricional del equipo establece límites claros. Algunos productos quedan fuera incluso en jornadas libres porque complican la digestión y afectan al rendimiento posterior.

Alimento Motivo Situación
Quesos curados Digestión pesada; elevan la sensación de pesadez Prohibidos durante competición y días clave
Risottos Textura y grasas que ralentizan la digestión Evitar en jornadas previas a etapas exigentes
Aceites en exceso Aumentan la carga grasa sin aportar carbohidratos útiles Limitados en comidas pre-competición
Postres con mantequilla Pesados y difíciles de asimilar No recomendados

Para el público general, la lección es clara: la planificación importa más que la restricción absoluta. Los ciclistas élite no improvisan sus comidas; combinan cantidad, calidad y sincronización para mantener el rendimiento día tras día.

En términos prácticos, seguir este enfoque ayuda a minimizar bajones, facilita la recuperación y reduce la probabilidad de efectos adversos por restricciones prolongadas. Para aficionados y entrenadores, el ejemplo muestra que una estrategia alimentaria bien pensada puede marcar la diferencia entre rendir al máximo o llegar al final de la etapa con fuerzas mermadas.

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