Foto de Rolling Stone Magazine con Bowie Burroughs y Copetas
Foto de Rolling Stone Magazine con Bowie Burroughs y Copetas / Foto: By Terry O'Neil - A. Craig Copetas, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=97384099

Desperté de la Enfermedad a los cuarenta y cinco años, sereno y en bastante buen estado de salud, a no ser por un hígado bastante resentido y ese aspecto de llevar la carne de prestado que tienen todos los que sobreviven a la enfermedad (…) Al parecer yo tomé notas detalladas sobre la Enfermedad y el delirio…”

(Willians S. Burroughs – “El almuerzo desnudo”)


En 1956, en Tánger y en un precario estado de salud, W. Burroughs despertó de su adicción a las drogas. A diferencia de otros que lograron sobrevivir, él había ido tomando notas precisas de su experiencia. Esas notas serían la base para su más conocido texto: “El Almuerzo desnudo”.

Burroughs fue el mito viviente (murió en 1997) de quiénes han bajado a la sima más profunda de la adicción a las drogas (todas las posibles) y han sobrevivido con la suficiente energía para combatirlas. Cuando lo contó en su libro, cuando lo hizo público, tenía cuarenta y cinco años y una vida intensa, irregular, exótica, una vida intolerable para una sociedad negada en comprender los procesos que desembocaban en la generación de un submundo, sucio, repulsivo, en la frontera con la delincuencia.

La mayoría de los componentes principales de la Generación Beat, procedían de familias humildes, trabajadoras o, como ellos decían, derrotadas; no así Willians que nació en el seno de una familia acomodada y tranquila del Medio Oeste americano; empresarios cuyo éxito les llegó tras el invento de la primera máquina automática sumadora por parte de su abuelo Willians Seward Burroughs.

Nuestro Willians fue un niño intranquilo y solitario, abrumado por pesadillas, alucinaciones y temores de forma persistente que, con toda seguridad, influirían en su desarrollo posterior. La tendencia a la soledad sería una constante a lo largo de su vida y por supuesto las alucinaciones, aunque después estarían inducidas por las drogas. Leyó obsesivamente. Sentía una gran fascinación por los antihéroes de carácter individualista que solo respetaban su propio código. Comenzó a sentirse atraído por el peligro y por la pequeña delincuencia de carácter marginal. Y las armas de fuego.

Fue generando y afianzando cierto sentimiento de rebeldía leyendo autores como Gide, Oscar Wilde o Baudelaire, manteniéndose continuamente al margen de las actividades de carácter social.

Comenzó a sentirse atraído por el peligro y por la pequeña delincuencia de carácter marginal. Y las armas de fuego.

Pronto comienza a escribir cuentos, diarios de los que renegaría al darse cuenta de que en ellos se reflejaba los mismos clichés narrativos que había aprendido en sus lecturas, convenciéndose de que esos modelos falseaban el mensaje real que él quería transmitir. La quema de los diarios se convirtió en un punto de inflexión, no solo en su vida, sino que influyó en la estructura de toda su obra posterior y en la búsqueda de nuevos modelos narrativos, tanto en el territorio de la literatura como en la utilización de los ingenios tecnológicos que iban apareciendo. No se detuvo ante nada con tal de expresarse.

Entre los primeros escritos más logrados de su juventud, se encuentra “Últimos resplandores del crepúsculo”, una sátira sobre la decadencia de los Estados Unidos que asemeja al hundimiento de un barco. Este estilo satírico le acompañaría a lo largo de toda su carrera.

Graduado en literatura inglesa por Harvard (1936), estudió medicina y psicología en la universidad de Viena, se interesó bastante por la parasicología, la telepatía, la arqueología…Poseía una inmensa curiosidad intelectual.

Fue durante la etapa de estudiante en Harvard cuando comenzó sus incursiones por el mundo LGTB.

Al finalizar sus estudios superiores, marchó a Europa donde consolidó su heterogénea orientación sexual que influiría de forma constante en su narrativa. Hay que indicar que la obra de W.S. Burrough es en gran medida autobiográfica.

En Viena se movió en los círculos de refugiados, exiliados y de nuevo, homosexuales; conoció a Ilse Klapper, una chica judía que huía de la persecución nazi, se casó con ella y de regreso a EE.UU. se separaron. Él nos cuenta que nunca estuvieron sentimentalmente unidos, no obstante, siguieron manteniendo una estrecha amistad. En este periodo estuvo bajo tratamiento psiquiátrico, probablemente como consecuencia del abuso de drogas; en 1942, cuando Pearl Harbor fue atacado quiso incorporarse a filas. No lo logró ya que su familia maniobró alegando problemas psicológicos.

Desde el primer momento se convierte en el necesario guía intelectual de esos jóvenes poetas y escritores desarraigados del canon social del momento.

Su incorporación a la denominada Generación Beat se produce en 1943. Desde el primer momento se convierte en el necesario guía intelectual de esos jóvenes poetas y escritores desarraigados del canon social del momento. Kerouac diría de él como explicación del papel de W.B en el grupo: “Tenía derecho a enseñar porque se había pasado la vida aprendiendo. Su cátedra podía estar en cualquier lugar, se había convertido para nosotros en un verdadero maestro”[1]

Ginsberg, Kerouac, Burrough, Neal Casasdy, frecuentaron juntos la noche, los bares marginales, entrando en contacto con el submundo de la droga y los pequeños delincuentes que tanto le fascinaban en su infancia. Hablaban de literatura dentro de ese ambiente lúgubre, alimentando la rebeldía mezclada con el bandidaje literario lo que sería el movimiento cultural que sacudiría las letras de los estadounidenses de los años 50 e influiría en casi todo el panorama de la contracultura de los 60.

México

México no es sencillo ni bucólico. En él se reflejan 2000 años de enfermedades y miserias y degradación y estupidez y esclavitud y brutalidad y terrorismo físico y psicológico. México es siniestro y tenebroso y caótico, con el caos propio de los sueños.

Es mi hogar y a mí me encanta”.

Carta a Kerouac (1951).

En 1951, y debido a la presión que comenzaba a ser fuerte en los Estados Unidos para conseguir las drogas, Burroughs marchó hacia México, con su familia (tenía una causa pendiente por falsificación de recetas de narcóticos).

Para muchos estadounidenses, México representaba un camino hacía una vida libre y salvaje, pero Burroughs observa otra realidad bien distinta que le atrapa con su fascinación. Comienza entonces un viaje por América de Sur y Central en busca de drogas naturales. De esa época son las novelas “Yonqui” y “Queer” y un libro de cartas recopilatorio de las que se cruzó con Allen Ginsberg donde le va relatando sus descubrimientos y experiencias. En ese libro incluye un texto “Rooselvet tras la toma de posesión”, donde se muestran claramente los efectos de las drogas y la ironía en la visión de los acontecimientos generales. Pero la importancia de este texto radica en que cambia la rutina narrativa, llegando a moverse por los contornos de la alucinación.

Fue en México donde sucedió uno de los episodios más dramáticos de su vida: Su mujer, Joan Vollmer, y él solían jugar a Guillermo Tell.

Fue en México donde sucedió uno de los episodios más dramáticos de su vida: Su mujer, Joan Vollmer, y él solían jugar a Guillermo Tell. En esta ocasión, ambos estaban demasiados borrachos como para que el juego fuera seguro. Ella se puso la lata de bebida en la cabeza y él disparó causándole la muerte. Solo pasó trece días en la cárcel ya que sobornó a los funcionarios mexicanos para que saliera bajo fianza. Finalmente huyó y fue condenado por homicidio culposo a dos años, en rebeldía. El episodio, dramático, ocurrido en 1951 tuvo una enorme trascendencia en su recorrido literario:

“Me veo obligado a llegar a la espantosa conclusión de que nunca me habría convertido en escritor si no hubiera sido por la muerte de Joan y por darme cuenta de hasta qué punto este acontecimiento ha motivado y formulado mi escritura…”[2]

Tánger

Volvió a Estados Unidos y de allí, movido por las informaciones que le llegaban de Paul Bowles, marcho a Tánger en 1954. Le motivó, además, las facilidades de conseguir drogas en la denominada Zona Internacional de Tánger. Alquiló un apartamento y se dispuso a escribir. Allí lo hizo bajo el influjo de las drogas, fundamentalmente marihuana y opiáceas, cayendo cada vez más abajo del pozo de la adicción.

Kerouack y Ginsberg viajaron a Tánger, no se sabe bien cuál fue la razón que los llevo a ello, pero se encontraron a un Willians totalmente destrozado por las drogas y un montón de papales escritos y absolutamente desordenados. Ellos ayudaron a organizar y estructurar toda esa montaña y finalmente surgió la que sería su gran novela “El almuerzo desnudo”, que fue publicado en 1959 tras un periplo de rechazos y prejuicios de los editores norteamericanos. La novela en su estructura rompe con la narración lineal y experimenta con la técnica del cut-up, que abrazó tras la intensa amistad con el pintor Brion Gysin (le salvo en más de una ocasión la vida ayudándole en sus recuperaciones de la droga).

Estos métodos de composición se expresan en novelas como “La máquina blanda”, “El tique que explotó” y “Expreso Nova” (publicadas durante los años 60). En ellas profundiza su idea sobre el lenguaje, “un arma de invasión que permite programar a los individuos y controlar sus acciones y sus deseos de un modo más fundamental que las drogas” y sigue “cada individuo posee un registro total. Su sistema nervioso puede registrar y almacenar su experiencia en conjuntos de asociaciones tridimensionales. Pero el sentido de este conjunto está determinado por lo sonoro”. “Aun lo que vemos, está dictado por lo que oímos. La palabra nos aprisiona en el tiempo porque solo los hombres tienen un portal para la palabra”.

Burroughs se replantea la base misma de la creación literaria, que no es sino el código de la comunicación: un nuevo código transmite nuevas ideas y lo que es más importante, nuevas sensaciones. Para él, escribir es un acto físico de coordinación motora: “hay que escribir más rápido de lo que se piensa…De la misma forma que en el budismo Zen, los mantras son una forma de desposeer al lenguaje de su significado y limpiar la mente de todo pensamiento, la escritura automática es una forma de librarse de esa corriente del parloteo interno, encerrando los pensamientos en una hoja de papel y dejándolos fluir sin reflexionar sobre ellos”.

De vuelta a casa

Viajó a París y Londres. Allí estuvo bajo tratamiento para resolver definitivamente su adicción a las drogas y el alcohol. Estuvo algo más de seis años antes de volver a los Estados Unidos. Siempre contó con el apoyo de su amigo y ocasionalmente amante Allen Ginsberg, quien le encontró trabajo e influyó intensamente en la reincorporación de Burroughs a la vida intelectual de EE.UU.

Los años en su país estuvieron plagados de encuentros y trabajos con bandas de música, cantantes, escritores, cineastas que finalmente reconocieron el talento, la valentía, y su disposición a la colaboración con todo movimiento de carácter contracultural o en los límites de lo convencional, poniendo de manifiesto el valor de la influencia positiva de la realidad que se oculta en los subterráneos de la sociedad, realidad de la que no se puede prescindir y cerrar los ojos ante ella.

En la música y el cine 

Poquísimas personalidades fuera de la esfera musical ejercieron tanta influencia sobre el rock como William Burroughs. Un forastero de la sociedad, provocador y controvertido, que vivió el “modo de vida del Rock and Roll “años antes de que siquiera se inventara esa música, y que existió en los límites de la sociedad en aquella niebla de drogas, armas y violencia, permaneciendo como el santo patrono de la vanguardia hasta el día de su muerte (grabó un video clip con U2, ya anciano).

Su obra combina la fuerza visionaria con la sátira que también se puede considerar como libertaria; en lo formal, se caracteriza por el uso de técnicas innovadoras como el montaje, o el collage. Y, además, esta especie de profeta bíblico en ácido, tuvo el mérito de ser muy bien leído por gente como Bob Dylan, John Lennon, Frank Zappa, Lou Reed, Tom Waits, William Gibson, Bruce Sterling, Joaquín Sabina o Patty Smith.

A finales de los 80, era una especie de icono POP, un oscuro símbolo de la sordidez de lo dionisiaco. Tuvo papeles secundarios en diversas películas. En 1991 David Cronenberg llevo al cine “El almuerzo desnudo”, aunque lo que trató de hacer fue una especie de collage expresionista en la que mezcló elementos de la novela, de la vida de Burroughs (la muerte de su mujer) y de la relación que mantuvo con Ginsberg. Es interesante recordar las palabras de Cronenberg cuando le preguntaron por qué no había llevado la novela completa a la pantalla: “…una adaptación duraría cuatro horas, costaría 90 millones de dólares y seria prohibida en cada uno de los países de la Tierra”.

La lectura de Burroughs nos lleva a una realidad más exacta que la que reflejan otras literaturas. Realidades cargadas de soledad, desesperanza, frío inagotable; realidades que sabemos de su numerosa existencia pero que generalmente, en nuestro combate interior, gana el silencio y el olvido.

Por Manuel del Castillo Molina, secretario del Ateneo Libre de Benalmádena

benaltertulias.blogspot.com

ateneolibredebenalmadena.com


[1] Aparece en la novela “El camino” de Kerouac

[2] Introducción de “Queer”, escrito en 1952 y publicado en 1985