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En su nuevo libro, el periodista británico James Montague documenta cómo Arabia Saudí emplea el deporte y el entretenimiento para transformar su imagen internacional y ampliar su influencia. Esa combinación de inversiones multimillonarias y espectáculos deportivos tiene efectos inmediatos sobre ligas, marcas y debates sobre derechos humanos: por eso importa hoy.
Deporte como herramienta de Estado
Montague reconstruye una estrategia deliberada del reino para convertir eventos y clubes deportivos en vehículos de diplomacia pública. Lo que antes era un país discreto en el Golfo se ha volcado en compras de clubes, patrocinios y la atracción de grandes competiciones, en un intento por proyectar modernidad y abrir nuevas vías de negocio.
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La jugada no es puramente comercial: se mezcla obra de relaciones públicas, creación de audiencias y búsqueda de legitimidad externa. En la práctica, esa apuesta modifica calendarios deportivos, redistribuye recursos globales del mercado del entretenimiento y condiciona la atención mediática hacia regiones con dinero fresco.
- Adquisiciones de clubes: compra de equipos con historia pero en declive para recuperar su atractivo y su masa social.
- Megaeventos: pujar por organizarlos o por integrarse en consorcios que los traigan a la región.
- Inversión en eSports: dirigida a una población joven y conectada para crear nuevas audiencias y empleos.
- Patrocinios estratégicos: alianzas con ligas, torneos y figuras clave para normalizar la presencia saudí.
- Industria del entretenimiento: desarrollo de festivales, conciertos y centros de ocio como parte de la apertura social planificada.
Reputación, dinero y censura
El libro insiste en una contradicción: mientras la monarquía impulsa una narrativa de apertura económica y social, persisten fuertes restricciones políticas. La modernización cultural convive con la ausencia de libertades públicas y con episodios que han marcado la agenda de derechos humanos a nivel internacional.
El caso de Jamal Khashoggi se menciona como punto de inflexión: su asesinato dañó gravemente la imagen del país, pero las inversiones en deporte y ocio han contribuido a una notable rehabilitación mediática de sus élites. La lección que extrae Montague es que, en la práctica, la liquidez y el acceso al capital suelen atenuar la presión crítica de actores occidentales —desde gobiernos hasta empresas— que dependen de esos flujos.
Qué significa para la sociedad saudí
La apuesta forma parte de la agenda conocida como Visión 2030, diseñada para diversificar la economía y reducir la dependencia del petróleo. El deporte y los videojuegos profesionales (los llamados eSports) son piezas centrales porque alcanzan a una población muy joven y pueden generar empleo y consumo cultural.
Sin embargo, las reformas sociales —como mayor presencia femenina en el espacio público— no han ido acompañadas de apertura política. Persisten prácticas laborales criticadas por organizaciones internacionales, como el sistema conocido como kafala, y se denuncian desplazamientos y restricciones en proyectos urbanísticos ambiciosos.
Un tablero regional y global
La estrategia saudí no se desarrolla en el vacío. Países del Golfo como Emiratos Árabes Unidos y Qatar adelantaron la fórmula del poder blando a través del deporte, convirtiendo clubes y eventos en marcas globales. Arabia Saudí ha observado ese modelo y ahora compite por el mismo espacio, con un perfil propio: mayores inversiones y un foco más explícito en transformar la percepción internacional.
Para actores externos —ligas, patrocinadores, aficionados— esto plantea decisiones complejas. El dinero saudí ofrece crecimiento y espectáculo, pero también obliga a lidiar con preguntas sobre ética, transparencia y coherencia entre la retórica de derechos humanos y las alianzas prácticas.
Aspectos a vigilar en los próximos meses:
- Cómo evolucionan las adquisiciones de clubes en las grandes ligas y su impacto en la competitividad.
- El crecimiento de los eSports como nueva plataforma de influencia cultural.
- Reacciones de gobiernos y organismos deportivos ante denuncias de abusos vinculados a proyectos financiados por el reino.
- La capacidad de la sociedad saudí para transformar esos estímulos económicos en cambios institucionales duraderos.
El análisis de Montague no limita la discusión a una crítica moral: sitúa la cuestión en términos prácticos y geopolíticos. Lo que está en juego va más allá del calendario deportivo: son recursos, narrativas y espacios simbólicos que redefinen relaciones internacionales y modelos de legitimidad en el siglo XXI.












