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Más de 3.000 asistentes convirtieron a Barbastro en el epicentro literario de la región durante la quinta edición del Festival Barbitania, un encuentro que tuvo como eje la casa y la memoria. El festival no solo entregó sus premios internacionales: puso en primer plano debates actuales sobre el exilio, la lengua y los nuevos formatos de lectura.
El nombre del festival recupera la vieja denominación de la ciudad, vinculada desde la antigüedad a la Regio Barbitania y al barrio del Entremuro. Hoy esa historia convive con actividades que llenaron plazas, auditorios y librerías durante cuatro intensas jornadas.
El jurado del certamen anunció dos de sus galardones mayores: el 57.º Premio Internacional de Novela «Ciudad de Barbastro», otorgado a Marina Pérezagua, y el 58.º Premio Internacional de Poesía «Hermanos Argensola», que recayó en Javier Vicedo Alós. Estas distinciones, entregadas en el Centro de Congresos, fueron el núcleo simbólico de una programación que combinó mesas, proyecciones y recitales.
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Barbitania en Barbastro: quinta edición convierte hoy las calles en festival literario
| Award | Edition | Ganador |
|---|---|---|
| Premio Internacional de Novela “Ciudad de Barbastro” | 57 | Marina Pérezagua |
| Premio Internacional de Poesía “Hermanos Argensola” | 58 | Javier Vicedo Alós |
| Otros concursos y premios locales | Varias ediciones | Relato, novela en aragonés y certámenes de humor |
Programación y temas centrales
El festival dedicó buena parte de su programación a la idea de la casa como lugar de identidad: cómo la vivienda aparece en la literatura y cómo los relatos domésticos dialogan con la historia colectiva. Autoras como Corina Oproae y Monika Zgustova debatieron sobre la experiencia de escribir en una lengua que no es la propia tras el exilio.
La ciencia ficción y la distopía ocuparon una mesa destacada con la participación de autores premiados como Jorge Carrión, Aleksandra Lun y Leonardo Cano. La discusión giró en torno a la capacidad de esos géneros para interpretar el presente y, en ocasiones, actuar como una forma renovada de realismo.
También hubo espacio para la radiodifusión: el podcast literario de un diario nacional grabó en vivo desde la UNED, y la proyección del cortometraje basado en la novela Membrana llevó a la pantalla una obra reciente premiada en Barbastro.
Encuentros, firmas y homenajes
Las librerías locales se llenaron de colas para sesiones de firmas; el público respondió con interés tanto por los nombres consagrados como por las voces emergentes. Mientras tanto, el festival rindió homenaje a figuras culturales de la ciudad recientemente fallecidas y anunció cambios en su dirección técnica: María Ángeles Naval dejará la coordinación tras una década al frente del proyecto.
- Homenajes: Reconocimientos a libreros y promotores culturales locales.
- Formación y público joven: Talleres infantiles y actividades para lectores en crecimiento.
- Formatos híbridos: Charlas, podcasts en vivo, proyecciones y espacios sonoros reforzaron la idea de que la literatura puede habitar muchos soportes.
Una de las sesiones más emotivas reunió a Gioconda Belli con lectoras y moderadoras que conversaron sobre la novela La mujer habitada, el exilio y el refugio que ofrece la escritura. Belli leyó poemas y habló de la casa como metáfora: “soy una tortuga que carga su hogar”, dijo en su intervención.
La relación entre lo íntimo y lo histórico apareció también en mesas presididas por nombres como Luis García Montero, Jon Juaristi y Joaquín Pérez Azaustre, donde se trazaron líneas entre la poesía de las últimas décadas y la construcción de la memoria colectiva.
Impacto local y cierre
Más allá del discurso, el festival dejó efecto económico y simbólico: las cafeterías, hoteles y librerías de Barbastro notaron un aumento de actividad, y la ciudad reforzó su perfil como destino cultural en Aragón.
El cierre, celebrado en el Salón de Plenos del Ayuntamiento, combinó música coral con un ágape de productos locales; la Coral Barbitanya interpretó textos de Federico García Lorca mientras autoridades locales y participantes brindaban por la edición.
Qué queda después de Barbitania: un mapa de nombres, debates y proyectos que regresan a sus ciudades de origen con nuevas preguntas sobre identidad, lengua y formas de publicar y escuchar literatura. Para Barbastro, el festival confirma que la cultura puede ser motor de visibilidad y cohesión local.











