Plástico a petróleo llega a España: planta móvil de Ámsterdam inicia pruebas

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Este verano una planta piloto desarrollada en los Países Bajos se instalará en Asturias para comprobar si puede transformar la mezcla de plásticos domésticos en materia prima apta para fabricar nuevo plástico. La prueba, con residuos reales procedentes de contenedores municipales, puede marcar un punto de inflexión para procesos químicos de reciclaje difícilmente abordables con los sistemas actuales.

La acumulación de plásticos es un problema global: millones de toneladas terminan en vertederos, incineradas o dispersas en ríos y océanos. Gran parte de ese material no se recicla porque los envases están mezclados, sucios o compuestos por capas múltiples.

Tecnología y principio de funcionamiento

El sistema se basa en lo que los investigadores denominan licuefacción solvotérmica, un proceso químico que descompone las largas cadenas de polímeros mediante temperatura, presión y disolventes especiales. A diferencia del reciclaje mecánico, este método no exige una separación previa exhaustiva de los distintos tipos de plástico.

En la práctica, los residuos se introducen en un reactor de pequeño volumen —unos 25 litros— donde, durante apenas media hora, las condiciones provocan la ruptura de las moléculas plásticas y su reconversión en compuestos químicos más simples.

Qué se obtiene y por qué importa

El proceso genera tres fracciones distintas: gases que pueden aprovecharse energéticamente, un residuo sólido carbonoso y un aceite oscuro concentrado en compuestos útiles.

Ese aceite es el producto de mayor interés: los responsables del proyecto sostienen que contiene las moléculas necesarias para sintetizar plástico de calidad equivalente al producido a partir de petróleo fósil, lo que permitiría reciclar materiales que hoy se pierden o degradan con cada ciclo mecánico.

  • Salida principal: aceite químico apto para fabricar plástico virgen.
  • Otros subproductos: gases utilizables y residuos sólidos carbonosos.
  • Ventaja operativa: no es necesaria la clasificación previa de los plásticos.
  • Reactor: unidad de 25 litros con catalizadores nanoestructurados.
  • Movilidad: la planta piloto está montada sobre módulos de acero transportables.
  • Financiación: parte del proyecto recibió fondos del programa europeo Plastice (20 millones de euros).
  • Nivel tecnológico: TRL 6–7, según los investigadores, cercano a la fase industrial.

Los catalizadores, la llave del proceso

Uno de los avances técnicos más relevantes son los catalizadores sólidos desarrollados por el grupo de catálisis de la Universidad de Ámsterdam. Estos materiales aceleran las reacciones sin consumirse y permiten reducir tiempos y mejorar la composición del aceite final.

El responsable del proyecto ha explicado que, tras años de experimentación en laboratorio, cuentan con suficiente conocimiento para probar la tecnología en condiciones reales y evaluar su robustez frente a la variabilidad de los residuos municipales.

La prueba en Asturias

La fase decisiva tendrá lugar en instalaciones de Cogersa, la empresa pública asturiana que gestiona residuos. Por primera vez el reactor trabajará con plásticos extraídos directamente de la basura doméstica, con todo el abanico de impurezas y mezclas que eso supone.

Esa complejidad es precisamente el objetivo de la prueba: verificar si el sistema mantiene rendimiento y calidad del aceite cuando se enfrenta a corrientes de residuos no preseleccionadas.

Limitaciones y retos por resolver

Los defensores de la licuefacción solvotérmica la ven como complemento al reciclaje convencional, capaz de recuperar fracciones que ahora acaban en vertederos o incineradores. Sin embargo, hay interrogantes pendientes: la viabilidad económica y el balance energético a escala industrial son todavía objeto de debate.

Evaluar costes, consumo energético, emisiones y la trazabilidad del material resultante será clave antes de planificar despliegues a gran escala.

Qué puede cambiar si funciona

Si la planta confirma su eficacia con basura municipal sin clasificar, el enfoque podría convertirse en un modelo para instalaciones modulares en Europa y otros mercados. La posibilidad de producir aceite químico reutilizable abre una vía para cerrar el ciclo del plástico con menos pérdida de calidad entre reciclajes.

La experiencia en Asturias será, por lo tanto, una prueba de fuego: permitirá decidir si una tecnología nacida en laboratorios puede dar el salto hacia aplicaciones operativas capaces de reducir la presión sobre vertederos e incineración.

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