Elisabeth Anglarill debuta en la ficción con Los malos muertos, una novela policiaca que entrelaza dos épocas y pone sobre la mesa tensiones actuales: la protección del patrimonio, la memoria colectiva y el peso de los secretos locales. La historia arranca en las excavaciones de Empúries y pronto conecta pasado y presente para explicar por qué esos asuntos siguen importando hoy.
La trama alterna 1912 y la actualidad. En el primer hilo, Mateu Mercader llega a la costa gerundense como ayudante en las excavaciones de una ciudad donde lo griego y lo romano conviven; su iniciación al oficio revela tanto la fascinación por los hallazgos como el enfrentamiento con el expolio y la indiferencia de quienes poseen los terrenos.
En el presente, la agente local Álex Sabell —una mujer tenaz que vigila un pueblo que en invierno parece detenido hasta la llegada del turismo— se ve arrastrada a un caso inesperado. En el yacimiento aparecen restos humanos recientes; aunque la investigación supera sus competencias, Sabell insiste en seguir las pistas y encuentra un colaborador poco probable: un inspector francés prejubilado que asiste a un curso de arqueología en el mismo lugar.
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La narración apuesta por una atmósfera sensible al paisaje y a los detalles: los olores salinos, las texturas de las piedras y los recuerdos que éstas encierran. La intriga policíaca convive con reflexiones sobre la profesión arqueológica y los laberintos íntimos de la protagonista, y la novela cuida tanto el ritmo del suspense como la construcción de escenarios y personajes.
Elisabeth Anglarill llega a la ficción tras una carrera larga y variada en televisión pública: ha dirigido y escrito programas de medio ambiente, sido corresponsal en zonas árabes y firmado documentales biográficos centrados en figuras culturales. Su trayectoria explica parte de la precisión en el detalle y la sensibilidad por el contexto que muestra la novela.
Anglarill ha contado que siempre creyó en el poder informador del periodismo para mostrar realidades y empujar cambios —siempre limitados pero reales—, y que ese impulso sigue presente en su trabajo. Para ella, dar el salto a la novela no rompió su oficio: sigue manejando las palabras como herramienta principal, ahora aplicadas a una ficción policial que le resultó atractiva por afinidad de género y por la posibilidad de explorar personajes y escenarios con más libertad.
Sorprende que su primer libro se sitúe tan cerca de su entorno habitual. Anglarill explica que la idea nació paseando junto a las ruinas de Empúries y al ver fotografías históricas del lugar y de los pescadores de L’Escala tomadas por el fotógrafo Josep Esquirol. Esa cercanía geográfica no resta ambición: la autora ya plantea continuar con la saga de la agente, que podría traspasar fronteras en entregas futuras.
- Ambientación: Dual —principios del siglo XX y presente— en torno a las excavaciones de Empúries.
- Protagonista: Álex Sabell, una policía local con determinación y conflictos interiores.
- Temas clave: preservación del patrimonio, memoria histórica, límites entre justicia local y profesional.
- Estilo: Narración sensorial que combina intriga policial con detalles documentales sobre arqueología.
- Próximo paso: La autora confirma continuidad de la serie; la investigación de Sabell podría ampliarse geográficamente.
Los malos muertos funciona como un puente entre la curiosidad científica y la investigación policial; a la vez, plantea preguntas relevantes para lectores actuales: ¿quién custodiará el pasado cuando el presente tiene otros intereses? y ¿hasta dónde llega la responsabilidad de una comunidad frente a lo que emerge bajo sus suelos?
La novela, publicada por Siruela, revela además la transferencia de habilidades de la autoría periodística a la ficción: rigor en la documentación, mirada social y un interés constante por contar historias con impacto. Para quienes siguen la relación entre patrimonio y sociedad, este libro aporta una lectura que sirve tanto como entretenimiento como reflexión.











