Odesa: memoria latente, vida cotidiana marcada por la intensidad

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Aleksandra Majdzińska, autora polaca y cineasta afincada entre Europa del Este y el Cáucaso, presenta en Madrid la edición en español de Shalom Bonjour Odesa (Armaenia), un libro que reconstruye la ciudad a partir de recuerdos, reportes y ficciones personales. En plena guerra, su retrato de Odesa gana urgencia: habla de memoria, identidad y de cómo una metrópoli portuaria resiste pese a las borrascas históricas.

En el encuentro con la escritora, entrega una tarjeta en la que aparece el logo de la Fundación Mlecznego Brata y un objetivo claro: traducir obras armenias directamente desde sus respectivas lenguas. Esa precisión parte de una realidad editorial extendida: muchas literaturas de los países exsoviéticos llegan al lector occidental a través del ruso, no desde sus idiomas originales, lo que diluye matices culturales fundamentales.

Majdzińska conoció la cultura armenia mientras impartía clases de polaco en Ereván; allí entabló relación profesional que terminó en matrimonio con el periodista y director Vahram Mkhitaryan. Juntos impulsan proyectos literarios y cinematográficos: ella, que saltó del cine al libro, ya había sido reconocida internacionalmente —su cortometraje Milky Brother obtuvo premios en el festival Golden Apricot— antes de llevar su experiencia a la página.

Un cuaderno, una escena y la invención de un hilo conductor

La idea que cristaliza en Shalom Bonjour Odesa no nació de una investigación académica sino de una imagen: Majdzińska recuerda haber visto en Odesa a dos hombres encadenados compartiendo botellas dentro de un coche antiguo. La escena fue lo bastante potente como para que comprara una libreta y la rellenara con notas, recortes y anotaciones de radio.

Ese material —fragmentos, anotaciones y testimonios— formó el esqueleto del libro, pero su editor pidió un nexo narrativo más consistente. El recurso elegido fue la búsqueda de un padre desaparecido: un hilo de ficción que, según la autora, le permitió organizar el collage de impresiones sobre la ciudad. En realidad, aclara, la pesquisa paternal es una estrategia narrativa; su relación con su propio padre es otra y no responde exactamente a la trama.

Shalom Bonjour Odesa combina tres hilos: la cartografía afectiva de la ciudad, la invención del viaje personal y un tercer eje menos obvio: el amor. Majdzińska admite haber probado voces distintas —incluso la segunda persona— hasta encontrar un tono fragmentario, cercano al collage, que permite solapar memoria, ficción y crónica.

Una historia que afloró del pasado

De sus observaciones en archivos y tertulias locales emergió también un episodio real que la conmovió: la historia de una joven polaca asesinada en 1937 durante las purgas estalinistas por escribir un diario en un alfabeto que las autoridades no entendieron. El hallazgo de esta huella olvidada nutre el relato: recuperar voces silenciadas se vuelve parte de la empresa literaria.

Majdzińska evita el sensacionalismo. Prefiere mostrar que, pese a tragedias acumuladas, Odesa mantiene un carácter vivaz. El humor —apunta— funciona como defensa colectiva; hoy, según ella, los odesitas usan la ironía y los memes como una manera de sostenerse frente a apagones, bombardeos y privaciones.

  • Temas centrales: memoria urbana, identidad híbrida y la tensión entre ficción y archivo.
  • Giro editorial: traducciones directas desde lenguas locales frente a traducciones mediadas por el ruso.
  • Contexto actual: la obra adquiere relevancia por la guerra en Ucrania y el proceso de desovietización en curso.
  • Estilo: escritura fragmentaria en forma de collage, con pasajes humorísticos y documentales.

Sobre la ciudad, la autora ofrece una imagen compleja: puerto cosmopolita, crisol de comunidades —polacos, judíos, armenios, griegos, italianos— cuya convivencia se ha moldeado por el comercio y la economía local. Esa pluralidad se traduce en una multiculturalidad vivida con orgullo: muchos se reconocen primero como odesitas antes que por su pertenencia étnica.

El tejido lingüístico de Odesa ha cambiado: el ruso dominó largas décadas, el italiano tuvo presencia en ciertos círculos, y desde la independencia ucraniana el ucraniano ha ido ganando espacio, con un salto notable tras 2022. Ese cambio alimenta tensiones entre hablantes de ruso y defensores del ucraniano, y es parte del conflicto identitario que recorre la ciudad.

Majdzińska muestra además un gesto simbólico: la portada original polaca reproduce el nombre de la ciudad con una doble grafía que recuerda la convivencia de alfabetos y lenguas en sus calles. Ese detalle visual subraya cómo lengua y memoria se enredan en Odesa.

Qué encontrará el lector (y por qué importa hoy)

En estas páginas no hay un manual de viaje clásico: hay un conjunto de impresiones que invitan a la experiencia directa. La autora confiesa que hoy es casi imposible visitar la ciudad por razones obvias; aun así, insiste en que su texto conserva el «alma odesita»: la capacidad de reír, la valentía y una energía juvenil que, según ella, persistirá aun cuando cambien nombres de calles o desaparezcan monumentos.

Para entenderlo más rápido, estos son los principales aportes del libro:

  • Recupera voces locales y olvidadas mediante archivos y pequeñas historias personales.
  • Ofrece un retrato de Odesa que mezcla reportaje, memoria y ficción.
  • Subraya la importancia de traducir literatura desde las lenguas originales para preservar matices culturales.
  • Sitúa la ciudad en su actual contexto de guerra, desovietización y resistencia cotidiana.

En la conversación final, Majdzińska admite dudas sobre si un futuro visitante encontrará la ciudad tal como la pinta el libro. No obstante, sostiene que la esencia—esa mezcla de resiliencia, ingenio y humor— continuará siendo reconocible. Cuando los cañones callen, añade, Odesa seguirá siendo un lugar que merece ser leído y recorrido con atención.

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