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RIL Editores acaba de publicar Micelio, el nuevo libro de la poeta argentina Laura Giordani, que propone mirar hacia abajo —hacia lo oculto y lo orgánico— para pensar cómo habitamos el mundo. La obra conecta ideas sobre ecología, memoria y reparación emocional, y plantea preguntas relevantes para tiempos marcados por la crisis ambiental y los legados del pasado.
Un entramado simbólico que parte de lo vegetal
Giordani toma la imagen del micelio —esa red subterránea que sostienen los hongos— como eje metafórico y literal. El primer tramo del poemario articula con coherencia esa imagen: la red sirve tanto para describir procesos de nutrición y dependencia como para pensar la identidad y la continuidad entre seres.
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El libro insiste en la materialidad: árboles, madera, minerales y el sustrato del bosque reaparecen a lo largo de los poemas y se incorporan al cuerpo, creando imágenes donde lo humano y lo natural comparten condiciones físicas y vulnerabilidades.
Dolor, memoria y lenguaje
La voz poética de Giordani aborda el daño y el duelo con contención. No busca la declamación elegíaca ni la grandilocuencia; antes bien, registra heridas como secretos que necesitan ser nombrados para poder transformarse. Esa contención no resta intensidad: al contrario, potencia la sensación de un trabajo íntimo y exigente.
Además, la escritura y la lectura aparecen como prácticas de desocultamiento. Cerrando los ojos para acceder a otras visiones, la poeta sugiere que la palabra puede alumbrar sentidos que no son inmediatamente visibles y habilitar procesos de reconocimiento y reparación.
- Interconexión: la metáfora micelial invita a pensar la existencia como red más que como entidad aislada.
- Materialidad: el cuerpo y el paisaje comparten el mismo léxico sensorial y mineral.
- Herida colectiva: los poemas aluden tanto a traumas personales como a memorias sociales, sin discursos explicativos.
- Ética de la baja visibilidad: propone la humildad y la acogida frente a la lógica de la competencia y la exhibición.
Una propuesta moral soterrada
Más que un llamamiento a la elevación, Giordani plantea una inclinación hacia lo subterráneo: una ética que valora lo imperfecto, lo alojado en la profundidad y la apertura hacia el otro. Esa mirada cuestiona nociones culturales que asocian lo soterrado con decadencia y, en cambio, lo reivindica como fuente de vida y hospitalidad.
En ese escenario aflora la ternura: no como gesto frívolo, sino como una práctica de empatía y compasión con resonancias filosóficas que remiten a tradiciones que subrayan la unidad de lo vivo. Al mismo tiempo, la obra deja entrever una crítica a la exclusión y a formas de poder represivas, un telón de fondo que puede leerse a la luz de la biografía de la autora y de la historia argentina.
Estilísticamente, Micelio mantiene un tono contenido y equilibrado. Las imágenes a veces son ásperas, otras delicadas, pero el conjunto evita quedar circunscrito a la contemplación puramente descriptiva: hay una intención ética y reflexiva que atraviesa los versos.
Por qué leerlo ahora
En un momento marcado por debates sobre ecología, memoria y formas de reparación social, el libro ofrece un lenguaje poético que articula esos núcleos sin didactismo. Propone alternativas simbólicas a la competitividad y ofrece herramientas emocionales para pensar la pérdida y la convivencia.
En suma, la obra de Laura Giordani funciona como una invitación a escuchar lo que sucede debajo de la superficie: una lectura que puede resonar con lectores interesados en la poesía comprometida con lo humano y lo natural.












