El cao en Arroyo de la Miel
El Cao, Arroyo de la Miel. Foto coloreada por Pedro Moral Gambero
Rafael Gamero
Rafael Gamero

Cuando aún permanecen los calores del verano, las noches son ideales para pasear y recordar el Arroyo de los años cincuenta. Noches de luna, para conocer y dar a conocer el origen de este precioso pueblo del agua y de raíces marineras.

Les invito a este paseo virtual, con la promesa de hacerlo real en grupo cuando Vds. quieran, sería un placer servir de cicerone para esa ocasión. Esta ruta la he titulado “Caminos del Agua” con parada en tabernas típicas, pronto sabrán por qué. Nos situamos en el punto de encuentro. Junto al busto dedicado a Doctor D. Roberto Olid, en la plazoleta de la Avda. de la Estación, esquina donde se degustan las mejores hamburguesas del mundo. Desde ahí partimos por la insinuante y encantadora calle Agua, su nombre reside en que por esta calle en los años 50 y anteriores, discurría un caudaloso arroyo en días de lluvia, un espectáculo que aún recuerdan los mayores y que no volveremos a ver, pero si percibir, al caminar por la calle encantada, donde aún se recuerdan el murmullo de las copiosas aguas y vecinos inciertos ante la práctica imposibilidad de acceder a sus casas.

Una vez en ella, les invito a una breve parada en la rociera taberna “Tita Yoli”, (cerrada por vacaciones hasta el 27) donde en su interior podemos admirar a título de museo, infinidad de fotografías antiguas del pueblo, el rocío, en la Sala Torera, fotos de la fiesta y Semana Santa; todas ellas enmarcadas y ordenadas por temas.  También podemos ver accesorios antiguos de ganado y un conjunto de instrumentos musicales, para acompañar los “Verdiales” de Málaga y la “Pastorá;” grupo que hace su salida durante la Navidad cantando los clásicos villancicos de Arroyo.

Una Virgen con niño en brazos, preside el establecimiento; la venerada Virgen del Rocío.  Yolanda, la menor de sus hermanas, regenta el local, por cierto, siempre en la cocina elaborando platos típicos como la “fabada arroyera.” Para ella y sus hermanas, nuestro mejor saludo.

Continuamos la ruta por la calle Agua, ¡ah! noche de luna, ¡cuántas historias guardadas!  Pronto desembocamos a la calle Vicente Aleixandre. Una casa hoy reformada fue floristería de ensueño. Ella fue testigo de antaño, de carruajes tirados por mulares, de hombres camino de la mar y mujeres cántaro en cadera para recoger agua del “nacimiento” o con cesta de mimbre para lavar ropa en el Cao… Llegamos a su confluencia con San Juan, un cruce de caminos con encanto, calle el Ciprés, Correo, Benalmádena…

Cuentan, que a veces, el cauce que pasaba por calle Nacimiento llevaba tanta fuerza que más de una perdió allí sus cubos arrastrados por el caudal

En la terraza El Calamar, nos detenemos para tomar una cerveza y degustar una de sus tapas del día; sardinitas al limón. Tenemos que decir que en esta casa nació Nicatorres, todos sus hijos y algunos nietos. La inolvidable comadrona y mejor persona, será recordada para siempre. El Centro de Día de Mayores de Arroyo de la Miel, lleva su nombre.

Hecho este comentario y una vez recuperadas fuerzas con el aperitivo, cruzamos la calle el Ciprés, nos acercamos a la calle Benalmádena, para conocer la casa que podría ser la más antigua de Arroyo de la Miel.

Continuamos por calle el Naranjo, rinden honores a su nombre, los jóvenes arboles de este cítrico en ambas aceras. Y pasamos justo por otra: El Limonero, un buen ejemplar puede contemplarse en la casa donde comienza la calle; al final de la misma, en frente; la Casa de la Cofradía Santísimo Cristo de la Redención y María Santísima de los Dolores. 

El manantial estaba situado más arriba, en la cercanía de la Guardería ‘La Luz’ en el llano del mismo nombre a los pies del Parque de la Miel. Quien no puede imaginar aquel nativo paisaje, bello como el paraíso, donde sus protagonistas convivían como elegidos en aquel originario edén del agua y la miel.

Regresamos por la calle Nacimiento, el nombre lo dice todo y es que muy cerca, en el tramo comercial, esquina con Nogal, en lo que hoy es un local desocupado, las mujeres y hombres acudían a llenar sus cantaros de agua para su consumo. Cuentan, que a veces, el cauce llevaba tanta fuerza que más de una perdió allí sus cubos arrastrados por el caudal. 

Para finalizar nos trasladamos a la Plaza de la Estación, ante la fachada de la Iglesia de la Inmaculada, para recordar la ubicación de lo que fue el centro neurálgico más conocido de aquel tiempo: El Cao.

La corriente subterránea desembocaba con sentimiento ante la antigua Iglesia hasta desparramarse en el Cao, lugar de encuentro y convivencia vecinal, donde podemos imaginar hombres ambulando de un lugar a otro, mujeres haciendo la colada y conversando…  niños jugando a la pelota y ganado abrevando en sus ya reposadas aguas.

A lo lejos se escucha el silbido del tren… ¡está llegando la cochinita!