Mayonesa de supermercado puede ser superprocesada: experta alerta sobre almidones ocultos

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La dietista y tecnóloga de alimentos Mónica Hacha ha encendido una alerta sobre un producto cotidiano: la mayonesa envasada. Su mensaje, difundido en un vídeo reciente, insiste en que la línea entre un condimento aceptable y un ultraprocesado depende más de la composición que de la forma de presentación.

Hacha subraya que no todo lo procesado es necesariamente perjudicial, pero que lo crucial es reconocer cuándo un alimento ha sido modificado con fines diferentes a la conservación o la seguridad alimentaria. Esa distinción es relevante hoy: con menos tiempo para cocinar y una oferta industrial muy variada, identificar productos con ingredientes innecesarios puede influir en la calidad de la dieta diaria.

¿Qué convierte a una mayonesa en ultraprocesado?

Según la especialista, una receta básica de mayonesa debería contener muy pocos elementos: una materia grasa, un agente emulsionante (como huevo o yema), sal y un ácido suave (vinagre o limón). En los estantes, sin embargo, aparecen fórmulas con aditivos que buscan textura, vida útil o sabor intensificado.

Entre los indicadores que deberían encender una señal de atención están ingredientes que rara vez se usarían en una cocina doméstica:

  • Almidones o harinas modificadas para ajustar textura.
  • Emulgentes y estabilizantes para mantener la mezcla homogénea.
  • Potenciadores del sabor o mezclas de aromas artificiales.
  • Aceites de baja calidad o grasas parcialmente hidrogenadas.

Elemento Señal positiva Señal de ultraprocesado
Lista de ingredientes Pocos ingredientes reconocibles Listado largo con nombres técnicos
Tipo de grasa Aceite vegetal de calidad (oliva, girasol) Mezclas de aceites refinados o grasas trans
Aditivos Ausencia de estabilizantes Inclusión de emulgentes y espesantes

Procesados sí, pero con criterio

No todos los productos envasados deben descartarse de plano. Hacha recuerda que los alimentos mínimamente procesados —aquellos preparados para facilitar su consumo sin añadir complejidad química— pueden ser aliados de una dieta equilibrada cuando falta tiempo para cocinar.

Productos prácticos como legumbres en conserva, verduras lavadas y cortadas o pescados enlatados pueden mantener su valor nutricional si su composición es simple. Lo mismo vale para yogures naturales, quesos poco elaborados o un pan con pocos aditivos: la clave es revisar ingredientes y preferencias personales.

Ojo con los «aparentes saludables»

El experto aviso se extiende más allá de la mayonesa. Cremas, gazpachos, hummus o salsas que parecen caseras pueden llevar mejorantes de textura o conservantes que alteran su perfil nutricional.

Una regla práctica: preguntarse si los compuestos extras figurarían en una receta doméstica. Si la respuesta es no, existe alta probabilidad de que el producto haya sido reformulado con fines industriales y no nutricionales.

Consejos rápidos para consumidores que buscan opciones más limpias:

  • Prefiera envases con listas cortas y términos reconocibles.
  • Compruebe el tipo y la calidad de las grasas.
  • Evite productos con numerosos estabilizantes, almidones o potenciadores.
  • Priorice marcas que detallen origen y proporción de ingredientes.

En definitiva, la recomendación de Hacha no es demonizar el procesado, sino afinar la mirada del comprador. Con etiquetas cada vez más complejas y la oferta en constante cambio, aprender a leer ingredientes se vuelve una herramienta cotidiana para proteger la calidad de la alimentación sin renunciar a la practicidad.

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