La reciente reedición en español de El tumulto de las bestias (Alianza Editorial) devuelve a la actualidad una novela menos conocida de Yukio Mishima, pero reveladora de su voz más sombría. Su interés hoy radica en cómo convierte sentimientos contemporáneos —el deseo tóxico, la culpa y el fatalismo— en un drama íntimo que sigue resonando más de seis décadas después.
La trama se centra en un triángulo que rápidamente se transforma en una madeja de pasiones y resentimientos: Ippei, cabeza de una familia empresaria; su esposa Yuko; y Koji, un joven empleado universitario que se enamora de ella. Un episodio violento —Koji golpea a Ippei con una llave inglesa tras sorprenderlo con una amante— marca el curso de la novela y condiciona los destinos posteriores de los protagonistas.
El autor no desarrolla aquí una narración puramente lineal. Mishima comienza por el final, retrocede y reconfigura el tiempo mediante recuerdos y saltos hacia delante, lo que modifica la expectativa del lector y crea un ritmo irregular. Ese manejo temporal aporta tensión, aunque en algunos tramos la historia pierde impulso y se vuelve menos vertiginosa de lo que promete.
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El escenario no es una metrópoli, sino la costa rural de la península de Nishi-Izu. Esa elección funciona como amplificador: el paisaje aparentemente idílico intensifica la sensación de encierro. La novela explora el contraste entre la pureza idealizada del campo y la corrupción moral de sus personajes, y lo hace sin recurrir al maniqueísmo.
- Trama: Un conflicto amoroso que conduce a una condena y a una convivencia incómoda tras la liberación.
- Personajes: Ippei (mujeriego y empresario), Yuko (esposa resignada), Koji (jóven atormentado) y un romance subsidiario que complica la dinámica.
- Estilo narrativo: Inicio in media res, uso del flashback y un tono que alterna sobriedad y arranques líricos.
- Temas: deseo destructivo, culpa existencial, la frontera entre lo trágico y lo bello.
- Valoración crítica: intensidad emocional notable, con algunas insuficiencias en la economía de la trama.
Dos rasgos centrales emergen con fuerza en la novela. Primero, el erotismo se presenta como una fuerza corrosiva: no hay complacencia ni idealización, sino actos y emociones que hieren y perpetúan la atracción. Segundo, la culpa adquiere un carácter casi ontológico: no se limita a la penitencia por un acto concreto, sino que se instala como motor de un ciclo en el que el deseo produce remordimiento y éste engendra aún más deseo.
En ese sentido, Koji funciona como la conciencia doliente de la obra. Las pulsiones que lo arrastran no solo obedecen a motivos sexuales, sino a una incapacidad profunda para romper los patrones que él mismo reprocha. Mishima, que en otras novelas incorporaba elementos autobiográficos más evidentes, aquí administra esa distancia: su voz crítica sigue presente, pero filtrada por una mirada menos confesional y más observadora.
Un recurso narrativo relevante es el uso de lo que suele llamarse «el arma de Chéjov»: objetos aparentemente casuales que luego articulan el desenlace. En la novela, la llave inglesa aparece como un elemento cotidiano que terminará siendo decisivo, subrayando la atmósfera de destino ineludible que envuelve a los personajes.
No todo funciona sin fisuras. La incorporación de una relación paralela —un tercer triángulo que termina ampliándose hasta convertirse en un cuarteto— añade tensión, pero también cierta sobreabundancia dramática. Desde una perspectiva crítica, ese subargumento parece un atajo para acelerar conflictos que la trama principal ya tenía capacidad de resolver con mayor sutileza.
Por qué sigue interesando hoy
Más allá de su valor literario, la novela ofrece un espejo útil para lectores contemporáneos: el tratamiento del amor tóxico, la representación del deseo como fuerza autodestructiva y la exploración de la culpa colectiva y personal tienen resonancias claras en debates actuales sobre relaciones, poder y responsabilidad emocional.
Además, la obra ilustra la habilidad de Mishima para combinar esteticismo y violencia moral. Quienes lo estudian hoy encuentran en estas páginas claves sobre su visión del cuerpo, la ética y el sacrificio, rasgos que explican en parte la fascinación y el rechazo que el autor sigue provocando.
En conjunto, El tumulto de las bestias no es la cumbre de su producción, pero sí un documento valioso para comprender las preocupaciones recurrentes de Mishima: la tensión entre lo bello y lo trágico, la persistencia del deseo imposible de colmar y el destino que parece cerrarse alrededor de sus personajes. Para lectores interesados en la literatura japonesa del siglo XX, ofrece una experiencia intensa, a ratos incómoda, y con momentos de notable fuerza narrativa.
La reedición de Alianza permite reevaluar esa intensidad: lectores nuevos y veteranos pueden comprobar cómo una historia modesta en apariencia condensa elementos estilísticos y temáticos que explican la perdurabilidad del autor en la literatura mundial.












