En pleno 15 de mayo de 2026, día de conmemoración de la Nakba, Barcelona estrena un espacio singular: la primera librería del mundo fuera de Palestina dedicada exclusivamente a su literatura. La apertura no es solo un acto simbólico; busca frenar la pérdida cultural y convertir el libro en herramienta de conocimiento y resistencia.
La inauguración tuvo lugar en la calle Verdi, en el barrio de Gràcia, donde la lluvia dejó la calle brillante y la persiana del local, pintada con los colores palestinos y la fecha de 1948, servía de telón para la puesta en marcha. A la entrada, Mohamad Bitari —poeta, traductor y periodista de origen sirio-palestino— sostuvo las llaves del nuevo proyecto y, entre expectación y alivio, trazó el primero de muchos recorridos por las estanterías.
Finestres Palestina —nombre del local— no pretende ser únicamente un comercio: sus impulsores lo definen como un centro cultural para la difusión y preservación de una tradición literaria milenaria. En la apertura estuvieron presentes responsables de las fundaciones Ferrer, la directora ejecutiva de la UNRWA en España y otras figuras vinculadas al activismo cultural.
Premier Padel Asunción P2 2026: transmisión en vivo, resultados y agenda de hoy
Libros en Palestina: 4.000 ejemplares para frenar el borrado cultural
El proyecto reúne más de 4.000 libros en cinco idiomas: árabe, catalán, castellano, inglés y francés. La colección incluye desde poesía y narrativa hasta ensayos históricos, cómic, literatura infantil y manuales de cocina; una oferta pensada para lectores diversos y para iniciativas educativas.
- Apertura: 15 de mayo de 2026 (día de la Nakba)
- Ubicación: Carrer Verdi, 17 — Gràcia, Barcelona
- Fondo: Aproximadamente 4.000 títulos en cinco idiomas
- Responsables: Mohamad Bitari (librero), Olivia Watson (coordinación), Fundaciones Ferrer
- Arquitectura y diseño: proyecto de Malek Murad Mateu con simbología palestina en el interior
- Programación inicial: ciclos de debates, presentaciones y actividades en junio con invitadas como Miriam Barghouti y Tareq Baconi
En la rueda de prensa matinal, algunos periodistas centraron sus preguntas en el presupuesto o en la posibilidad de actos vandálicos. Pero los organizadores redirigieron la conversación hacia el propósito central: recuperar y divulgar una producción literaria que, según sostienen, ha sufrido décadas de invisibilización.
Para los promotores, la librería es una respuesta práctica al fenómeno que algunos académicos llaman «culturicidio»: la erosión deliberada o incidental de expresiones culturales frente a conflictos y migraciones. En este sentido, el local aspira a ser un nodo donde converjan lectores, investigadores, traductores y la comunidad palestina residente en Cataluña.
El interior del espacio se construyó con intención simbólica. Los muros, las telas y las formas remiten a elementos de la cultura palestina; la disposición de las estanterías busca facilitar el diálogo entre géneros y públicos. Según el equipo, se han dejado estantes vacíos como recordatorio físico de los libros y archivos que se perdieron o nunca llegaron a publicarse.
Bitari, que ha trabajado durante años traduciendo y difundiendo voces palestinas, explicó a los asistentes que su objetivo inmediato es «poner a disposición del público obras que habitualmente no circulan en librerías generales» y fomentar «debates informados» sobre la historia y la vida contemporánea palestina.
La programación prevista para los próximos meses incluye presentaciones de libros, mesas redondas, talleres de traducción y actividades para niños. Organizadores y colaboradores esperan que estas actividades atraigan tanto a la comunidad local como a visitantes internacionales interesados en estudios mediterráneos, relaciones internacionales y literatura comparada.
La apertura despierta, además, preguntas sobre el papel de la cultura en conflictos políticos: ¿puede una librería cambiar percepciones o influir en políticas públicas? Los impulsores evitan las respuestas simplistas pero insisten en el potencial del encuentro cultural para abrir conversaciones donde la política a menudo fracasa.
En el corto plazo, los desafíos son concretos: asegurar financiación estable, proteger el espacio ante posibles incidentes y lograr que la oferta llegue a aulas y bibliotecas. A medio y largo plazo, aspiran a que Finestres Palestina funcione como referencia para otras iniciativas similares fuera de los centros tradicionales de poder cultural.
El gesto tiene también un componente práctico para la diáspora palestina: facilitar el acceso a obras en árabe y en traducciones, ofrecer un lugar de encuentro y mantener viva la memoria colectiva. Para el público general, representa una oportunidad para conocer voces y perspectivas que, con frecuencia, no aparecen en los circuitos editoriales comerciales.
Cuando la jornada de día terminó, Bitari salió del local con la sensación de que lo abierto esa mañana no era solo una librería nueva sino un punto de partida. «Se trata de crear un espacio donde libros y personas puedan encontrarse», dijo en un momento de la inauguración. Las estanterías, repletas y a la vez con huecos intencionados, dejaron claro que el proyecto busca tanto recuperar como generar cultura.
Finestres Palestina abre sus puertas con la ambición de permanecer: no solo como escaparate de textos, sino como plataforma para la investigación, la traducción y el encuentro. En una ciudad acostumbrada a numerosos espacios culturales, este nuevo centro apuesta por hacer visible lo que hasta ahora estuvo en los márgenes.











