Alberto Santamaría sorprende con novela sobre recuerdos que se desvanecen

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La editorial La Bella Varsovia presenta De las cosas pálidas, el nuevo poemario de Alberto Santamaría (1976), que retoma y amplifica una línea poética preocupada por el lenguaje, la incertidumbre y la relación con el entorno. Su interés hoy radica en cómo estos poemas dialogan con la sensación contemporánea de desorden —climático, tecnológico y existencial— y en qué medida ofrecen una mirada crítica sobre la búsqueda de sentido.

Forma que interrumpe la lectura

Santamaría trabaja un verso que prioriza la tensión. A menudo prescinde de la puntuación convencional y compacta ideas en sintagmas breves, lo que obliga al lector a detenerse y recomponer el sentido en cada avance. El uso reiterado de encabalgamientos y cortes abruptos genera un pulso desigual, casi insistente, que impide un consumo pasivo del texto.

También aparecen estructuras cerradas y otras que funcionan en bucle: poemas que giran sobre la misma imagen o pensamiento hasta que la repetición los transforma. En algunos casos el cierre no ofrece una conclusión clara, sino un apunte lateral que deja la lectura en espera.

Temas y lugares comunes

El libro aborda una serie de interrogantes recurrentes: cómo nombramos lo que nos rodea, qué queda fuera de nuestras categorías y qué valor tiene lo incomprensible. La obra privilegia la experiencia del asombro y del desconcierto frente al afán de dominar o explicar todo.

En varios pasajes la niebla funciona como metáfora de lo inaccesible; el nombre de las cosas y el propio lenguaje aparecen interrogados como instrumentos a la vez reveladores y limitantes. Hay además una mirada crítica hacia la degradación ambiental: la prosa poética registra ese deterioro como factor que altera la percepción y favorece la apatía.

  • Lenguaje: fragmentario, sugerente, cargado de paradojas.
  • Ritmo: abrupto, con encabalgamientos que rompen la linealidad.
  • Imágenes: cotidianas pero transformadas hacia lo inquietante.
  • Temas: desconocimiento, deseo, memoria y relación con el entorno.
  • Atmósfera: a ratos claustrofóbica; en otras, abierta a la posibilidad.

La búsqueda como experiencia

Más que ofrecer respuestas, el libro plantea la poesía como un ejercicio de vigilancia: leer es mantenerse atento a las irregularidades del mundo para descubrir en ellas sentido y afecto. Esa actitud desemboca en una tensión productiva entre lo que podemos nombrar y lo que persiste como resistencia.

Frente a las mediaciones tecnológicas y las memorias parcializadas que a menudo suplantan la experiencia directa, Santamaría defiende el valor de la percepción inacabada. En ese terreno se sitúa también el deseo —representado no como satisfacción inmediata, sino como impulso hacia lo que no se conoce del todo—.

Referencias y resonancias

El poemario recupera un verso ajeno como lema repetido a lo largo del volumen: la frase de Juan Gil-Albert, “estar es todo”, se convierte en un eje interpretativo que subraya la idea de una presencia radical en el presente. Asimismo, en varios momentos la atmósfera recuerda a la ficción distópica por su sensación de paisaje extrañado, sin que el poemario deje de pertenecer a una tradición lírica meditativa.

La sección final cambia el tránsito hacia un registro más memorioso: aparecen recuerdos que combinan melancolía, desesperanza y una reflexión sobre la historia personal y colectiva. Ese tramo cierra el volumen con un tono que mira hacia atrás para comprender la intensidad del ahora.

Qué aporta este libro ahora

De las cosas pálidas no pretende acomodar al lector en certezas consoladoras. En tiempos marcados por crisis ecológicas, saturación informativa y una creciente sensación de desorientación, la obra propone una práctica poética que celebra la duda y la apertura como herramientas para pensar.

Para quienes siguen la poesía contemporánea en español, el libro reafirma a Santamaría como un escritor que apuesta por el rigor formal sin renunciar a la intensidad emocional. Su propuesta, compacta y exigente, invita a la lectura atenta y a la reapertura constante de significados.

En definitiva, De las cosas pálidas funciona como un llamado a permanecer en la experiencia —a «estar»— y a aceptar que, a veces, el valor está en no cerrar el paisaje con explicaciones. Esa disposición, hoy, tiene consecuencias claras: nos obliga a repensar la relación con el mundo y a valorar la incertidumbre como terreno fecundo.

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