Acaba de publicarse En la esquina del verso (Prensas de la Universidad de Zaragoza), un libro que confirma la urgencia íntima de su autor: la poesía como necesidad más que como estética. Sus páginas, austeras pero luminosas, reclaman atención en un momento cultural donde la lectura crítica y la verdad siguen siendo imprescindibles.
Enrique Villagrasa propone un poemario que rehúye el ornamento por el simple gusto del efecto y prioriza la intensidad emocional. La voz del libro se siente compacta: va al grano, pero no por ello renuncia a la complejidad, y transmite una sensibilidad territorial y ética que atraviesa cada poema.
La geografía emocional de Villagrasa está marcada por dos nombres: Burbáguena, el pueblo turolense de su infancia, y el Jiloca, río que funciona como hilo de vida. Ambos reaparecen aquí como focos de memoria y como lugares simbólicos donde confluyen lo personal y lo colectivo. No se trata de nostalgia estética: son referentes que sostienen la poética y señalan una manera de mirar y de comprometerse.
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Leer como acto creativo: Enrique Villagrasa urge a conservarlo
Su biografía también aporta matices: dejó el seminario siendo joven y desempeñó luego labores de comunicación en el puerto de Tarragona. Esa trayectoria se filtra en los versos sin solemnidad: hay en ellos una mezcla de experiencia práctica y búsqueda interior, una mística sin teología rígida, orientada hacia la compañía con los otros y la naturaleza.
La obra defiende varias ideas recurrentes. Entre ellas figura la convicción de que la poesía debe ser leída con rigor; para Villagrasa, la lectura es parte del acto creativo y el lector completa el poema. También subraya que el verso no es mera forma: encarna belleza y verdad, y esa verdad está ligada a la justicia social y al compromiso con el prójimo.
- Memoria y lugar: Burbáguena funciona como centro simbólico de identidad, no solo como paisaje.
- Compromiso ético: el poema reivindica la responsabilidad hacia los demás como condición de veracidad.
- Misticismo laico: influencias como el Zóhar aparecen como fuentes de luz frente a la oscuridad contemporánea, sin necesidad de dogma.
- Lectura activa: leer es un gesto creativo indispensable para que el poema cumpla su función.
Villagrasa recurre al Zóhar y también menciona modelos como Francisco de Asís para situar su sensibilidad religiosa en una tradición ética y contemplativa. Pero su misticismo es más bien una pulsión hacia la otredad y la naturaleza —una disposición de apertura— que una adhesión literal a textos sagrados.
Es relevante hoy porque el libro plantea, con discreción, cuestiones urgentes: en una época saturada de ruido informativo y de versiones instaladas, reivindica la lectura exigente y la poesía como herramienta para pensar la verdad y la justicia. No ofrece soluciones políticas, pero sí un recordatorio de que la palabra cuidada y el apego a la memoria son prácticas necesarias para la convivencia.
Escribir, dice el autor en el trasfondo de esta colección, no es un lujo sino una necesidad: sin esa escritura se instala la inquietud. Y leer, añade, no es pasividad: es completar, rehacer y corregir. Por eso el libro funciona como una invitación a ralentizar la mirada y a valorar el encuentro íntimo con el verso.
En resumen: En la esquina del verso es un volumen contenido en el que la escasez de artificio concentra hondura. Su interés no es coyuntural ni efectista; es más bien una propuesta de resistencia cultural: poesía que reclama honestidad lectora, compromiso social y una mirada atenta sobre las raíces personales y colectivas.











