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Emilio Aragón, conocido por su trayectoria como actor, humorista y autor, ha reaparecido en los medios con reflexiones sobre sus orígenes y sobre la tensión migratoria que atraviesa hoy España. En una entrevista reciente con El Mundo, el creativo ofrece una mirada personal sobre pertenencia, adaptación y la responsabilidad compartida para convivir.
De La Habana a la vida pública española
Nacido en La Habana, Aragón pasó más de una década viviendo en distintos países de América antes de establecerse en España en 1973. Ha referido públicamente que se reconoce como emigrante y que su infancia y juventud transcurrieron entre acentos y culturas cambiantes.
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Para integrarse en cada lugar, asegura, imitaba las formas de hablar y aprendía las tradiciones locales: desde las rutinas del béisbol en Puerto Rico —donde llegó a admirar a Roberto Clemente— hasta la pasión por San Lorenzo en Argentina y el manejo del bombo legüero. Ese aprendizaje cultural, dice, le ayudó después en su carrera artística.
Más allá de anécdotas, su perfil público incluye éxitos en televisión; como actor en Médico de familia —programa que llegó a superar el 40% de share y los siete millones de espectadores— y ahora la promoción de la tercera novela de su saga juvenil, Telmo Lobo, La aventura contra el tiempo.
Un mensaje frente a la ola de rechazo
Preguntado sobre la creciente hostilidad hacia la inmigración en España, Aragón plantea una respuesta en doble dirección: la acogida por parte del país receptor y el esfuerzo de integración por parte del recién llegado. Según él, ambos elementos son imprescindibles para la convivencia.
No oculta su incomprensión ante la desconfianza hacia quienes llegan: considera que la sospecha erosiona la posibilidad de convivir y que la actitud de integración es la que rompe más resistencias. Su crítica va dirigida tanto a quien mira con recelo como a quien se niega a adoptar hábitos de la sociedad que le acoge.
- Acogida: sentir que se es bienvenido facilita la convivencia y reduce tensiones sociales.
- Integración: aprender y respetar normas culturales contribuye a la aceptación mutua.
- Responsabilidad compartida: no es solo tarea del inmigrante; las sociedades deben ofrecer canales reales de inclusión.
- Impacto público: las palabras de figuras conocidas pueden influir en el debate y en la percepción ciudadana.
Aragón remata su reflexión con una imagen tomada del reciente programa Artemis: la idea de la Tierra como una pequeña embarcación en el vacío. Para él, esa metáfora resume el argumento político y ético: estamos juntos en algo frágil y es preciso remar unidos.
Su intervención en los medios llega cuando el tema de la inmigración sigue marcando la agenda pública y las decisiones políticas. La voz de alguien que combina experiencia personal, trayectoria mediática y actividad literaria añade matices a un debate que, a juicio de Aragón, exige menos sospecha y más colaboración práctica.












