Una imagen tomada en A Coruña captura un momento breve que, con el tiempo, se convirtió en un recurso recurrente del fotógrafo Asís G. AYERBE. La foto no solo muestra al escritor, sino que resume la atmósfera de los encuentros literarios organizados por Javier Pintor y la relación humana detrás de esos eventos.
Según relata el propio autor de la instantánea, hubo varios intentos fallidos para fotografiar a Enrique Vila-Matas, que suele mostrarse esquivo ante las cámaras. Tras varios intentos, el escritor accedió a posar —una pausa breve— y el encuentro se resolvió en apenas unos segundos.
Fue en plena calle, con el océano cerca, cuando el viento atlántico hizo su trabajo: movió el cabello del autor y transformó una pose corta en una imagen con carácter. Esa combinación de espontaneidad y paisaje urbano es lo que ha llevado a Asís a reutilizar la fotografía en numerosas ocasiones desde entonces.
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Por qué la foto sigue funcionando
Hay razones concretas que explican la persistencia de esta imagen en el archivo del fotógrafo y en la memoria visual de quienes siguen la vida literaria:
- Espontaneidad: el gesto no fue preparado; ocurrió en un instante.
- Contexto: la escena enlaza al autor con la ciudad donde se celebraban los encuentros organizados por Javier Pintor.
- Estética: el movimiento del cabello aporta dinamismo y singularidad.
- Uso continuado: Asís G. AYERBE la ha empleado repetidas veces, lo que refuerza su identificación con el escritor.
La anécdota también ilumina la relación entre fotógrafo y retratado: paciencia, intentos repetidos y, finalmente, una concesión breve que dio paso a una foto emblemática. Es un recordatorio de que muchas imágenes icónicas se forjan en la suma de pequeños episodios detrás del escenario.
Más allá del valor estético, la instantánea funciona como testimonio de una época y de un circuito cultural: los encuentros literarios en A Coruña no son solo charlas y presentaciones, sino también encuentros fugaces que alimentan la memoria visual del sector.
Queda, además, la curiosidad que atrae a cualquier lector: cómo una pausa de apenas 30 segundos puede bastar para crear una fotografía que perdure y recorra publicaciones, catálogos y recuerdos de quienes asistieron.











