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La nueva novela de Antonio Fontana, Mala entraña, trae a primer plano el silencio que persiste en la memoria colectiva: mujeres borradas, secretos familiares y una Málaga de posguerra que sigue reverberando hoy. El libro combina suspense y retrato social y obliga a preguntarse qué restos del pasado todavía condicionan nuestra mirada sobre el presente.
Fontana propone una obra que no se conforma con investigar un delito: excava en heridas históricas y en la manera en que se silenciaron voces femeninas. A partir de la duda central —si una hija llegó a existir— el relato se despliega en tres versiones de una misma trama, invitando al lector a ensamblar piezas.
Un noir que quiere romper moldes
El autor busca desmarcarse de los clichés del género negro. En lugar del investigador atormentado y autodestructivo que parece haberse vuelto norma, Fontana propone personajes menos estereotipados y una estructura en la que el lector está llamado a ser investigador: las claves están disponibles, pero corresponde al público conectar los hechos.
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Con esta apuesta, la novela pretende desplazar el foco desde el héroe solo y derrotado hacia un relato coral donde la resolución depende de la interpretación de quien lee.
Personajes que nacen de la vida cotidiana
Uno de los rostros más potentes del libro es Herminia Matías, conocida en la novela como “la de los muertos”. Fontana explica que la figura nació de una vecina real que él cruzaba en la calle, una mujer que le dejó una impresión indeleble por su manera de mirar y por una intuición sobre las personas.
Ese encuentro cotidiano se transformó en personaje literario: no fue una transcripción literal, sino una reescritura que captura la idea de alguien capaz de percibir más allá de lo aparente, sin convertirla en una mera médium de feria.
La presencia de mujeres que sufren la anulación social y el olvido histórico es central. Fontana enmarca Mala entraña dentro de un ciclo narrativo que sigue investigando la memoria femenina en la España de la posguerra y sus consecuencias hasta hoy.
- Temas principales: olvido, violencia simbólica, memoria histórica.
- Género: novela negra con cruce de realismo social y elementos inexplicables.
- Estilo: voces diversas y ritmos diferenciados por personaje.
- Lectura activa: el lector debe unir pistas y construir la reconstrucción del crimen y de las historias familiares.
Ritmo, voz y oficio
Fontana sitúa la musicalidad del texto en el concepto de ritmo: trabaja y reescribe hasta que cada narrador tenga un timbre propio. Parte de su método es leer en voz alta para calibrar el fraseo y comprobar que cada voz se distinga de las demás.
Admite que la escritura es un proceso de ensayo y error, donde la persistencia —y las correcciones— moldean el tono final de la novela.
Creencias y certezas: lo racional frente a lo inexplicable
En las páginas conviven el tarot, la superstición y la intuición junto a la investigación tradicional. Para Fontana, las creencias funcionan como apoyos psicológicos que la gente utiliza para dar sentido al dolor y a la pérdida; son formas de sostén cotidiano tan válidas como la tecnología para las generaciones más jóvenes.
Un paisaje que pesa
La Málaga de posguerra en Mala entraña tiene peso propio: no es un mero telón de fondo, sino un territorio que condiciona hechos y comportamientos. El autor recalca que aquel contexto no está tan lejano como podría parecer y que sus efectos persisten en la actualidad.
Situar la historia en ese tiempo y lugar era, según él, imprescindible para que las tramas personales y los silencios colectivos encajaran.
Origen y método creativo
Fontana afirma que suele comenzar sus novelas con una idea del final; lo necesita como ancla. Esta vez la excepción fue aparatosa: «soñé la novela», dice, con escenas completas que luego tuvo que complementar y reconstruir al despertar.
Esa experiencia onírica marcó la génesis de la obra, aunque la concreción narrativa exigió trabajo posterior para rellenar huecos y dotar de coherencia a lo soñado.
Tras convivir con personajes como Herminia o Benigna, el autor asegura que el saldo profesional es la sensación de haber logrado aproximarse —aunque nunca totalmente— a la idea original que le impulsó a escribir.
En definitiva, Mala entraña busca algo más que resolver un crimen: quiere rescatar voces silenciadas y ofrecer al lector la responsabilidad de mirar, interpretar y completar una historia que sigue siendo relevante en el debate contemporáneo sobre memoria, género y justicia histórica.











