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Un pulso sísmico iniciado el 3 de febrero en el suroeste de Málaga y el sureste de Cádiz ha dejado, en pocos días, cerca de un centenar de movimientos registrados. Los expertos del terreno mantienen que se trata de temblores de escasa energía y que, por el momento, no plantean riesgo para la población.
El Instituto Geográfico Nacional (IGN) ha analizado la secuencia y la describe como una serie de terremotos de baja magnitud, habituales en ese corredor del sur peninsular. La mayoría de los sismos apenas fueron detectables; solo unos pocos se sintieron de forma leve y no se han notificado daños personales ni materiales.
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El mayor registro alcanzó una magnitud de 3,6 mbLg, un nivel considerado moderado pero alejado de los umbrales que provocan afectaciones estructurales. Además, las mediciones de aceleración del terreno han sido muy bajas, un indicador técnico que refuerza la ausencia de peligro inmediato.
Los técnicos del IGN atribuyen esta actividad a la dinámica en el contacto entre las placas africana y euroasiática, una zona donde es relativamente frecuente la liberación incremental de energía a través de pequeños sismos. Episodios similares han ocurrido anteriormente en la región sin consecuencias relevantes.
- Inicio: 3 de febrero.
- Áreas afectadas: Campo de Gibraltar y Serranía de Ronda.
- Movimientos detectados: alrededor de 100 desde el inicio del enjambre.
- Mayor intensidad: 3,6 mbLg; sin daños reportados.
- Seguimiento: red de estaciones sísmicas fijas y portátiles del IGN.
Algunos vecinos han descrito ruidos, vibraciones o sensaciones inusuales en sus viviendas. Los especialistas señalan que esas percepciones pueden relacionarse también con procesos hidrogeológicos, especialmente tras episodios de lluvia persistente que saturan el terreno y favorecen el flujo de agua en cavidades subterráneas. Según el IGN, esos fenómenos no implican un incremento del riesgo sísmico.
Vigilancia y comunicación
El seguimiento continuo por parte del IGN se realiza mediante una red instrumental que opera en tiempo real y que permite compartir datos con la comunidad científica y los servicios de protección civil. Esa trazabilidad es clave para distinguir entre variaciones normales de la actividad tectónica y situaciones que requieran intervención.
En resumen, las autoridades trasladan un mensaje de tranquilidad: la cadena de pequeños sismos registrados en los últimos días se inscribe dentro de la actividad esperada para la zona y, hasta ahora, no existen indicadores que presagien un riesgo para personas o infraestructuras.












