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Bárbara Baraldi presentó en Barcelona su nueva novela, Los asesinatos del tarot, una trama que mezcla investigación policial y símbolos ocultos y que llega en un momento de creciente interés por la ficción que explora la salud mental y las prácticas simbólicas. La autora italiana aprovecha esa intersección para indagar en los miedos personales y colectivos, y su propuesta ya genera conversación fuera de Italia tras el éxito de su saga anterior.
Por Marianna Sherwell
Del crimen y las cartas
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En la novela, la comisaria Emma Bellini debe resolver una serie de homicidios cuyos únicos indicios son cartas del tarot dejadas junto a las víctimas. Para avanzar en la investigación, Bellini vuelve a encontrarse con su hermana Maia, personaje marcado por la intuición y la lectura simbólica, contrapunto de la aproximación metódica y basada en pruebas de la policía.
Baraldi, que utiliza el tarot de Alejandro Jodorowsky, explicó en la rueda de prensa que le interesa el tarot como un lenguaje para formular preguntas, no como una herramienta adivinatoria. Esa visión alimenta la novela: tanto en la tirada como en la pesquisa policial se trata de reunir piezas, relacionarlas y tratar de comprender motivos y patrones.
Una autora que escribe desde sus temores
La conversación en Barcelona pronto dejó de ser un resumen de la trama y se convirtió en un recorrido por los miedos que han marcado la escritura de Baraldi. Ella reconoce que el temor es un motor creativo permanente y que muchas de sus ficciones nacen de intentos por comprender sucesos que la inquietan.
- Libro: Los asesinatos del tarot (Malpaso).
- Protagonista: Emma Bellini, comisaria.
- Instrumento simbólico: tarot de Alejandro Jodorowsky.
- Temas centrales: intuición vs. método, miedo, herencia familiar.
- Contexto internacional: éxito previo de la autora en Italia.
Ese diálogo con el miedo no es nuevo en su obra. Muchos lectores la conocieron por Aurora en la oscuridad, la primera entrega de una trilogía que consolidó su fama en Italia, donde la serie superó las 200.000 copias vendidas. Allí, Aurora Scalviati es una perfiladora con una historia personal traumática: sobrevive a un disparo y convive con una bala alojada en el cerebro, hecho que condiciona su estabilidad emocional y su manera de enfrentarse a los crímenes.
La escritora contó que la idea para la próxima entrega surge de un caso real que sacudió a su país: la desaparición sin resolver de una niña. Ese hecho, insiste, actúa como un «fantasma» que ella intenta entender volcando la experiencia en la ficción.
De las cajas de cómics a la edición
Una anécdota de su infancia ayuda a trazar el origen de su relación con el terror. Cuando era niña, Baraldi vivió convencida de que su casa estaba habitada por espectros: su padre subía al desván con frecuencia y le prohibía entrar. Al poder finalmente abrir aquella puerta, lo que encontró no fueron apariciones sino pilas de cómics guardadas, ocultas porque él las consideraba «cosas de niños».
Entre esas lecturas hubo una que la marcó: Dylan Dog. La timidez extrema y la fobia social la empujaron hacia la lectura y luego hacia la escritura. Comenzó a crear relatos inspirados en ese universo y en su forma de transformar lo real en miedo narrado. Años después, lo curioso del trayecto es que ahora ella selecciona y edita las historias de Dylan Dog para los lectores.
Baraldi no encasilla su producción: novela, cómic, thriller psicológico o terror conviven en su escritura. «Todo tiene su sitio dentro de mí», dijo, retomando la idea de que la frontera entre lo vivido y lo inventado suele ser porosa en su obra.
Influencias y cierre
Entre los autores que la formaron cita a referentes clásicos del miedo y la introspección: Edgar Allan Poe, H. P. Lovecraft, Stephen King, Sylvia Plath y Marguerite Duras. También comparte una sensación personal sobre la lectura y la escritura: para ella, el oficio es una manera de responder a haber leído mucho, una especie de revancha creativa.
Al final del encuentro, tras firmar ejemplares de Los asesinatos del tarot, la autora me entregó la carta de La Estrella, un gesto que resumía la mezcla de simbolismo y cercanía que recorrió la presentación.











