En la Universidad de Alcalá se celebró la VII edición del congreso internacional Visiones de lo fantástico, dedicada esta vez a los cruces entre la fantasía y lo grotesco; las jornadas dejaron pistas claras sobre hacia dónde va hoy la narrativa insólita y por qué sus transformaciones importan para lectores, editoriales y universidades. Los debates mostraron que lo fantástico ya no es una esquina marginal del canon, sino un terreno activo de renovación estética y crítica social.
Desde primera hora la sala se llenó de especialistas y aficionados llegados de varios continentes: investigadores, críticos y escritores compartieron mesas, paseos y discusiones que alternaron el rigor académico con el tono festivo propio de un encuentro bien consolidado.
Organizado por el Grupo de Estudios sobre lo Fantástico y el Laboratorio de Estudios del Futuro, el congreso reunió a más de ochenta ponentes y asistentes que hicieron convivir referencias a Edgar Allan Poe y Shirley Jackson con lecturas de autoras contemporáneas como Mariana Enriquez y Samanta Schweblin, además de rescates de la tradición hispánica como Ramón María del Valle-Inclán.
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Los organizadores destacaron la continuidad del proyecto: tras catorce años de actividad, Visiones funciona ya como una red académica estable. Varios participantes recordaron cómo debutaron en ediciones anteriores y subrayaron la importancia de mantener un espacio donde convivan la investigación y la creación.
El tono general fue afectuoso pero exigente. Como resumió una de las ponentes, la cordialidad entre colegas no sustituye al debate crítico: la conferencia sirve tanto para reconocerse como para cuestionar prácticas y expectativas.
Dos líneas temáticas acapararon buena parte de las sesiones y las discusiones:
- La oralidad en la prosa contemporánea: el uso del habla cotidiana y los cruces de lenguas para introducir lo insólito en registros familiares.
- El surgimiento del agrohorror: relatos que anudan lo escalofriante con el paisaje rural y las tensiones sociales del mundo agrario.
Varios ponentes mostraron cómo la inclusión de modos orales —atenciones al habla regional, juegos entre idiomas o tonos coloquiales en primeras personas— produce un extrañamiento potente: lo imposible aparece insertado en el habla cotidiana, lo que intensifica la sensación de que lo fantástico está al alcance de cualquier camino vecinal o conversación doméstica.
Sin embargo, esa misma estrategia corre el riesgo de perder fuerza si se mecaniza. Varios investigadores advirtieron que la “oralidad” debe seguir siendo una herramienta creativa, no una fórmula repetida que deje de sorprender.
El otro fenómeno destacado, el denominado agrohorror, distingue a los relatos que no solo se sitúan en espacios rurales, sino que ligan el horror a la dureza de la vida en el campo y a problemas contemporáneos —desigualdad, explotación, degradación ambiental—, con una evidente carga de crítica social. Las ediciones y antologías recientes apuntan a que este subgénero está ganando tracción editorial y crítica.
Además del interés temático, el congreso confirmó una tendencia académica de largo alcance: la inclusión creciente de lo fantástico en planes de estudio universitarios. Investigadores señalaron que la disciplina ha ganado prestigio y que hoy es habitual encontrar cursos y seminarios que incorporan lecturas insólitas donde antes eran marginales.
Otro eje recurrente fue la lectura feminista y de género de muchos textos: trabajos presentados analizaron cómo lo gótico y lo grotesco sirven para visibilizar desigualdades y violencias —desde la reproducción del cuerpo hasta la gordofobia— y para leer las obras como alegorías de dispositivos patriarcales o de control social.
Hubo espacio igualmente para el filólogo y el aficionado al detalle: intervenciones de corte analítico exploraron microrecursos lingüísticos y estructuras narrativas que convierten pequeñas escenas grotescas en efectos de inquietud prolongada.
En paralelo a las sesiones académicas, los momentos informales —una noche de relatos, mesas redondas con autores y encuentros en cafés— reforzaron el carácter híbrido del congreso, donde la creación y la investigación se retroalimentan.
Entre los textos y autores comentados aparecieron propuestas que abren vías distintas para el lector contemporáneo: desde el hiperrealismo oral hasta lo insólito aplicado a conflictos sociopolíticos. Es decir, lo fantástico funciona hoy como herramienta para repensar la realidad, no solo como escapatoria.
A modo de resumen, estos fueron algunos de los hallazgos más relevantes del congreso:
- Oralidad y mezcla de lenguas —instrumentos para situar lo extraño en la vida cotidiana y reforzar la verosimilitud del relato.
- Agrohorror —un subgénero en crecimiento que articula terror y crítica a la explotación rural y al capitalismo tardío.
- Perspectivas feministas —cada vez más frecuentes como lectura crítica que revela mecanismos sociales y simbólicos en la ficción fantástica.
- Prestigio académico —lo fantástico ocupa ahora espacios formales en programas universitarios y en agendas de investigación.
Los autores participantes coincidieron en que lo fantástico y el horror permiten abordar problemas que la mimésis tradicional no siempre cubre: el recurso a lo insólito abre interrogantes sobre violencia, cuerpo, política y memoria que reclaman atención pública y editorial.
En el plano editorial, algunos asistentes observaron cambios palpables: más antologías, reediciones y atención de sellos independientes a propuestas insólitas, así como una mayor presencia de autoras cuya obra cuestiona normas estéticas y sociales.
Mirando hacia el futuro, los organizadores anunciaron ya la VIII edición, que tendrá como eje la relación entre lo fantástico y el trauma, una línea que promete mantener el congreso como un foro donde convergen investigación, creación y debate social.
Hubo, además, momentos que escaparon al registro académico puro: lecturas en público, anécdotas y encuentros informales durante las pausas y las veladas nocturnas consolidaron la sensación de que Visiones de lo fantástico es hoy un espacio vivo donde la disciplina se reinventa y se hace pertinente para los conflictos culturales del presente.












