Mostrar resumen Ocultar resumen
Con cerca del 90% del voto escrutado, el rechazo a reabrir las negociaciones de adhesión con la Unión Europea se perfila como ganador en el referendo islandés, una decisión que puede definir en semanas la relación entre Reikiavik y Bruselas y condicionar el manejo de recursos clave del país. El resultado provisional muestra una ventaja clara del no, aunque la última circunscripción —la más poblada— sigue siendo determinante.
Resultados provisionales y pelea por los últimos votos
Vacaciones de agosto en riesgo: quiénes podrían quedarse sin descanso
Zamora CF sorprende y vence al Atlético de Madrid B: Óscar Cano ensalza el examen
Los datos parciales sitúan al no en torno al 52,5% frente al 47,5% del sí, con 188.496 papeletas contabilizadas y una diferencia de algo más de 8.598 votos. Quedan pendientes cerca de 32.000 sufragios en la circunscripción del suroeste, que incluye el área metropolitana de Reikiavik.

En ese distrito, el recuento parcial favorece al no por 51,5% a 48,5%. Según la radiotelevisión pública RÚV, el sí necesitaría obtener alrededor del 65% de los votos restantes para revertir la tendencia, una remontada altamente improbable.
Un plebiscito ajustado que se decidió en la recta final
Las encuestas previas habían anticipado un escrutinio muy parejo. Algunos sondeos mostraban empate técnico o una ligera preferencia por reanudar las negociaciones; otros apuntaban a una ventaja mínima del rechazo. La jornada de votación transcurrió sin incidentes y la participación se acercó al 80%, similar a la registrada en las legislativas.
La coalición gobernante, formada por tres partidos, había incluido en su acuerdo la celebración de este referendo tras considerar que nunca existió una consulta definitiva sobre la candidatura a la UE.
Qué se decide hoy: implicaciones prácticas
- Soberanía y recursos: la gestión futura de la actividad pesquera y otras materias naturales puede verse limitada o renovada según la relación con Bruselas.
- Política exterior: una negativa mantendría a Islandia fuera de las negociaciones; un sí obligaría a reabrir conversaciones y, eventualmente, a someter cualquier acuerdo a un nuevo referendo.
- Economía y costes: la pertenencia o no a la UE tendría efectos a medio plazo en comercio, regulaciones y percepciones de inversión.
- Escenario político interno: el Gobierno se ha comprometido a acatar el veredicto popular, por lo que el resultado condicionará su hoja de ruta.
Estas consecuencias explican por qué el voto atrae atención internacional: más allá de su pequeña población, Islandia controla recursos estratégicos en el Atlántico Norte y su postura influye en debates regionales sobre soberanía y explotación sostenible.

El trasfondo histórico pesa. Islandia solicitó formalmente su adhesión en 2009, pero el proceso se paralizó años después en un clima de tensiones internas, la crisis del euro y controversias derivadas del caso del banco Icesave. En 2015 un Ejecutivo conservador comunicó a Bruselas que el país dejaba de ser candidato, aunque la Comisión Europea sostiene que no hubo una retirada formal.
Logística y plazo: con una población dispersa —menos de 400.000 habitantes en un territorio extenso—, las urnas deben trasladarse largas distancias para su conteo, en algunos casos hasta 400 kilómetros. La Comisión Electoral advirtió que no esperaba cierre total del escrutinio hasta la mañana del domingo.
Próximos pasos y declaraciones
Las líderes de la coalición —la primera ministra Kristrún Frostadóttir, la ministra de Exteriores Þorgerður Katrín Gunnarsdóttir y la responsable de Educación Inga Sæland— han convocado una comparecencia en Reikiavik programada para las 13:00 GMT para comentar los resultados.
Si el no se confirma, Islandia mantendrá su actual posición y el Gobierno aceptará el veredicto. Si triunfa el sí, se reabrirían negociaciones con la UE y cualquier acuerdo alcanzado debería someterse a ratificación mediante otro referendo.
En las próximas horas quedará despejado el escenario final: la lectura de los últimos votos definirá si Islandia mantiene la senda actual o reemprende un proceso que lleva más de una década intermitente. Para la ciudadanía, el resultado afectará las decisiones sobre recursos naturales, regulación económica y la trayectoria internacional del país.











