Virgen del Silencio de Córdoba marca 100 años de devoción: sigue junto al Cristo de la Expiración

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Hace más de un siglo que una pequeña talla femenina llegó a la corporación de la Expiración y desde entonces se ha convertido en un elemento fijo de su iconografía: permanece a los pies del crucificado y sigue marcando la estética y la devoción en la Semana Santa de Córdoba. Su historia combina aportes privados, cambios de advocación y varias intervenciones de conservación que la mantienen vigente hoy.

Origen y llegada a la hermandad

La imagen ingresó en 1919 como resultado de una donación a la recién constituida hermandad de la Expiración, agrupada en torno al Cristo de la Expiración que el claretiano Antonio María Pueyo del Val trasladó a San Pablo desde la iglesia de San Francisco.

Desde sus primeros años, la talla fue colocada junto al crucificado: se trata de una figura de dimensiones contenidas —alrededor de 1,65 m— que durante décadas fue atribuida al siglo XVIII por su austeridad y su semblante sereno.

El manto y la identidad visual

En 1924 la entonces benefactora conocida como la Marquesa del Boil entregó el manto que la imagen utiliza habitualmente. Fue bordado en oro sobre terciopelo negro por las Madres Adoratrices y pronto se convirtió en una pieza distintiva del conjunto.

Detalle del manto bordado en oro sobre terciopelo negro con lentejuelas y motivos vegetales
El manto donado por la Marquesa del Boil en 1924, bordado por las Madres Adoratrices.

El trabajo del manto remite a modelos clásicos del siglo XVIII, con una orla rica en lentejuelas y motivos vegetales delicados; sin embargo, incorpora matices posteriores que reflejan un gusto romántico en los añadidos decorativos. Esa mezcla le confiere personalidad propia, no una simple réplica de modelos anteriores.

  • 1919: llegada de la imagen a la hermandad mediante donación.
  • 1924: donación del manto por la Marquesa del Boil; bordado por las Madres Adoratrices.
  • 1967: cambio de advocación a María Santísima del Silencio, aunque en ocasiones conserva el símbolo del Corazón de los Siete Dolores.
  • 1970–1973: ocupó el primer paso de palio de la cofradía hasta la incorporación de la Virgen del Rosario.
  • Intervenciones modernas: varias restauraciones, incluida una importante puesta a punto que le devolvió una policromía de aspecto antiguo.

Advocación y funciones procesionales

La imagen mantuvo originalmente la advocación de los Dolores hasta que en 1967 los cofrades adoptaron la denominación actual, María Santísima del Silencio, para diferenciarla de otras vírgenes de la ciudad. Pese al cambio nominal, en diferentes momentos ha exhibido el gran corazón con los Siete Dolores.

Durante los primeros años de la década de 1970 encabezó el primer paso de palio de la hermandad; después de la bendición de la Virgen del Rosario la talla volvió a ocupar su lugar tradicional, a los pies del Cristo, tanto en la calle como en la capilla neomudéjar de San Pablo.

Conservación y estado actual

La imagen ha sido objeto de diversas restauraciones a lo largo del siglo XX y XXI. Las intervenciones más recientes han buscado respetar su estética de raíz histórica, recuperando tonalidades y texturas que refuerzan la lectura de una policromía de aire clásico.

Para la hermandad y para el patrimonio local, su conservación no es solo una cuestión técnica: implica mantener un emblema cultural y devocional que sigue teniendo peso en las procesiones y en la memoria colectiva de la ciudad.

En una celebración que mezcla tradición y continuas revisiones conservacionistas, la historia de esta talla —su llegada como donación, el manto centenario y las sucesivas restauraciones— explica por qué sigue siendo, más de un siglo después, una pieza central en la iconografía de la Expiración.

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