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- Desmontar mitos sin borrar la leyenda
- ¿Código jurídico o teatro político?
- El rey y sus límites
- Economía, comercio y supervivencia urbana
- Monumentalidad y política: el caso de Nabucodonosor II
- Conquista persa: continuidad con máscara de renovación
- El exilio y la vida en la diáspora
- ¿Qué lecciones guarda Babilonia para las metrópolis actuales?
- Por qué importa hoy
Lloyd Llewellyn-Jones presenta en España su último ensayo sobre una ciudad que sigue alimentando debates sobre poder, religión y memoria colectiva: Babilonia: la biografía de una metrópoli. La obra llega en un momento en que las lecciones del pasado —sobre identidad, propaganda y resiliencia urbana— cobran nueva relevancia ante las tensiones regionales y la discusión internacional sobre patrimonio y geopolítica.
El historiador británico, conocido por su trabajo sobre Persia, vuelve a España para hablar de una civilización que marcó estándares en leyes, administración y cultura. Durante la visita recordó además sus experiencias más recientes con Irán: tras 2018 perdió el contacto habitual con colegas teheraníes cuando se tensaron las relaciones con Washington, y subraya el efecto humano de las sanciones y los conflictos sobre la vida cotidiana de la población.
Desmontar mitos sin borrar la leyenda
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Una de las preguntas centrales del libro es cómo separar la evidencia histórica del halo mítico que rodea a Babilonia. Llewellyn-Jones advierte que no se trata de expulsar el mito del relato histórico, sino de integrarlo: la leyenda funciona también como fuente de información sobre percepciones sociales y políticas.

En exposiciones y textos académicos recientes, la ciudad ha pasado de ser presentada únicamente como un símbolo de lujo y decadencia a ser evaluada como un centro complejo, con logros científicos, prácticas administrativas y tradiciones religiosas que condicionaron a sus vecinos durante siglos.
¿Código jurídico o teatro político?
El libro examina el famoso Código de Hammurabi y llega a una conclusión doble: fue a la vez un instrumento con normas concretas y una forma de comunicación pública del poder. Muchas sanciones reflejaban delitos reales, pero la compilación tardía del código sugiere también una intención de legitimar la imagen del rey como legislador justo.
Los documentos cotidianos —contratos, cartas y pleitos— ofrecen, según Llewellyn-Jones, una radiografía de aspiraciones y conflictos: no sólo regulaciones abstractas, sino disputas reales resueltas por tribunales. Un caso que cita en el ensayo es un juicio por una herencia en el que testigos confirmaron la autenticidad de un testamento y el tribunal falló contra unos parientes que alegaban falsedad.
El rey y sus límites
La monarquía babilonia no era absoluta. La literatura épica, como la Epopeya de Gilgamesh, funcionaba como advertencia moral y política sobre los excesos del poder. Además, los rituales públicos —por ejemplo la ceremonia anual ante la estatua de Marduk, con su gesto simbólico de humillación ritual— recordaban que la autoridad real dependía del favor divino y estaba sujeta a control social y religioso.
Así, la imagen de reyes todopoderosos convive con prácticas que sancionaban y limitaban su actuación.
Economía, comercio y supervivencia urbana
Babilonia aprovechó la fertilidad de los ríos Éufrates y Tigris para alcanzar autosuficiencia alimentaria, pero dependía del comercio para materias primas como cobre, estaño, madera y piedra. Esa necesidad impulsó rutas comerciales largas y una economía de intercambio que sostenía tanto al palacio como a las familias urbanas.

El autor subraya que, para una familia común, adquirir bienes como una puerta de madera podía suponer un esfuerzo económico considerable; al mismo tiempo la ciudad exportaba excedentes y actuaba como un nodo comercial regional.
- Autonomía y dependencia: autosuficiencia alimentaria combinada con dependencia de importaciones estratégicas.
- Administración eficiente: una burocracia capaz de mantener la continuidad incluso tras cambios de dinastía.
- Cultura con imán: astronomía, matemáticas y literatura que provocaron admiración y emulación externas.
- Urbanismo como mensaje: los grandes proyectos arquitectónicos mostraban poder, pero no necesariamente precipitaron la quiebra económica.
- Memoria compartida: las leyendas y rituales ayudaron a sostener la cohesión social pese a las crisis.
Monumentalidad y política: el caso de Nabucodonosor II
La fastuosidad constructiva de Nabucodonosor II —desde la Puerta de Ishtar hasta los zigurats— no se interpreta en el libro como un despilfarro que hubiera hipotecado al imperio. Al contrario, durante su reinado el imperio alcanzó niveles de riqueza y expansión territorial que hicieron posibles esas obras. El declive de la ciudad es descrito como un proceso largo y complejo, con señales de agotamiento a partir del siglo III a. C., cuando los centros de poder y comercio se desplazaron hacia el Mediterráneo.
Conquista persa: continuidad con máscara de renovación
La toma de Babilonia por Ciro II en 539 a. C. se analiza como un ejercicio de legitimación política. Inscripciones como el Cilindro de Ciro emplean un lenguaje restaurador que recuerda a textos judíos de la misma época. Pero, apunta el autor, la conquista no destruyó la mecánica del poder: gran parte de la burocracia, la vida urbana y las instituciones siguieron funcionando con pocos cambios estructurales.
El exilio y la vida en la diáspora
La denominada “cautividad babilónica” no tuvo una única narración: hubo israelitas que prosperaron, se integraron y formaron comunidades rurales, mientras que otros vivieron la experiencia como una ruptura traumática —con la destrucción del templo y una renovada reflexión teológica—. Esta diversidad de vivencias explica en parte las transformaciones religiosas y sociales que se desarrollaron durante y después del exilio.
El libro recoge cómo la convivencia forzada y la resistencia cultural produjeron nuevas maneras de entender la identidad y la religión, con repercusiones que perduran hasta hoy.
¿Qué lecciones guarda Babilonia para las metrópolis actuales?
Llewellyn-Jones establece paralelismos entre la antigua ciudad y las grandes urbes contemporáneas: concentración de recursos culturales, desigualdad social y una fuerte presencia religiosa y cívica que marca la vida colectiva. Su comparación sugiere que Babilonia cumple muchos de los rasgos de lo que hoy llamaríamos una metrópoli global, con todos los dilemas que eso conlleva.
Para el historiador, la pervivencia de la ciudad se explica por su magnetismo cultural: pese a invasiones y cambios de régimen, su saber y prestigio siguieron influyendo en los pueblos vecinos. Esa capacidad de atraer talento y legitimidad es quizá la clave de su larga supervivencia.
Por qué importa hoy
La biografía de una ciudad antigua no es mero ejercicio erudito: ofrece herramientas para entender modernamente cómo se construye la autoridad, cómo se negocia la identidad en contextos plurales y qué papel juegan los relatos públicos en la legitimación del poder. En un momento en que el patrimonio y la memoria son objeto de disputas políticas, la historia de Babilonia invita a repensar la continuidad institucional y la fragilidad de las sociedades frente a presiones externas.
El libro de Llewellyn-Jones propone, en suma, una lectura matizada que rescata tanto la grandeza técnica y cultural de Babilonia como las contradicciones internas que marcaron su trayectoria.











