Energías renovables alivian crisis: crean nuevos riesgos, advierte Amitav Ghosh

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Amitav Ghosh sostiene que la crisis climática no es solo una cuestión de datos o tecnología: es un fallo profundo de imaginación, cultura y política. Ese desplazamiento del debate —de lo técnico a lo simbólico— explica por qué, a pesar de las evidencias, las sociedades siguen sin responder con la urgencia necesaria.

El escritor indio vuelve a poner el foco en lo humano y lo estructural. Sus últimos textos retoman experiencias personales —como su viaje a las islas Andamán tras el tsunami de 2004— para mostrar cómo desastres y políticas públicas revelan desigualdades que no se arreglan solo con planes técnicos.

Del paisaje literario a la crisis real

Ghosh no es nuevo en estas preocupaciones: años atrás relató la fragilidad de los manglares en la región conocida como Sundarbans. Pero la ficción quedó pronto superada por la realidad. Ciclones más intensos y lluvias extremas lo empujaron a preguntar por qué las artes, la sociología o la política no han situado el calentamiento global como eje central de sus narrativas.

Manglares del Sundarbans con raíces expuestas y vegetación densa
Los manglares del Sundarbans, un paisaje que Ghosh ha descrito como frágil frente al cambio climático.

Su respuesta apunta a una falla colectiva de representación: si no somos capaces de imaginar otro modelo de vida, difícilmente cambiaremos el vigente, basado en crecimiento infinito y extracción de recursos.

El tsunami que dejó sociedades a medias

Cuando viajó a las Andamán tras el maremoto del océano Índico, Ghosh encontró algo que no suele aparecer en los informes técnicos: personas que habían perdido no solo casas, sino identidad jurídica. Documentos destruidos, redes sociales rotas, comunidades desplazadas que terminaron convertidas en refugiados internos. En muchos casos, la reconstrucción priorizó aeropuertos y complejos turísticos sobre viviendas dignas, una decisión política con efectos que perduran décadas.

Poblado costero destruido tras un tsunami con escombros y casas dañadas
Comunidades en las islas afectadas por el tsunami: pérdida de hogares y documentos, según Ghosh.

Lo que vio entonces habla de una doble tragedia: la violencia del fenómeno natural y la decisión humana que siguió, que configuró ganadores y perdedores en la reparación.

¿Hemos dejado de entender la naturaleza?

No enteramente. Ghosh señala que, pese a la urbanización, todavía hay mayorías que mantienen vínculos directos con el entorno: campesinos y comunidades rurales que conservan saberes sobre ciclos climáticos y ecosistemas. Sin embargo, la desconexión crece entre quienes viven en ciudades y en economías digitalizadas.

Ese divorcio cultural facilita políticas que ignoran límites ecológicos: el deseo de consumo universal —dos coches por familia, electrodomésticos para todos— choca con la realidad física del planeta. Para muchos en el Sur Global, ese ideal no es un privilegio ganado, sino una meta impuesta por imaginarios globales que reproducen desigualdades históricas.

Responsabilidad y reparaciones: un debate abierto

La noción de justicia climática está en el centro de su diagnóstico. Ghosh recuerda que la carga histórica de emisiones no es igual para todos y que, por tanto, las obligaciones de reparación y mitigación deberían acomodarse a esa asimetría. Pero en la práctica, las potencias ricas —con Estados Unidos a la cabeza y Europa en sintonía— han mostrado reticencias a asumir compromisos financieros y jurídicos vinculantes.

La excusa común —que las economías avanzadas se protegen mejor ante crisis— falla frente a ejemplos recientes: la pandemia dejó en evidencia que un alto PIB no garantiza resiliencia social ni capacidad de respuesta. La crisis climática, advierte, no respetará fronteras de renta.

  • Impactos actuales: fenómenos extremos que reconfiguran comunidades y derechos.
  • Desigualdad histórica: responsabilidades diferenciales entre Norte y Sur.
  • Política y reconstrucción: prioridades públicas que a menudo benefician inversiones extractivas o turísticas.

Transición energética: ¿solución o nuevo problema?

La emergencia de renovables abre una puerta hacia la independencia energética, pero no elimina la geopolítica. Ghosh subraya que China se ha posicionado estratégicamente en las cadenas de valor de la energía limpia, lo que plantea nuevas dependencias. Además, la extracción de minerales críticos para baterías y paneles introduce impactos ambientales y sociales que muchas veces replican los daños del modelo fósil.

En resumen: la transición tecnológica no es automáticamente justa ni sostenible en todos sus eslabones.

Conciencia colectiva en tiempos de pantallas

Construir una respuesta común choca con dinámicas sociales contemporáneas: mayor individualismo, automatización y una fuerte mediación digital que fragmenta el debate público. Las redes sociales funcionan como herramienta de movilización, pero también amplifican la desinformación y el negacionismo. Además, la concentración del poder comunicacional en manos privadas inclina narrativas y agendas.

Para Ghosh, la tarea no es solo política: es cultural. Se trata de recuperar lenguajes que permitan imaginar modos de vida distintos y de volver a contar historias que coloquen la naturaleza en el centro de lo humano.

El papel de los intelectuales

El autor reconoce que los escritores y académicos no tienen por sí solos la llave de la transformación, pero sí un papel en la formación de imaginarios. Sus libros pueden despertar activismo y preguntas profundas; hay jóvenes que empezaron a movilizarse después de leer sus obras. Ese efecto, aunque difícil de cuantificar, es real: las narrativas cambian percepciones y, a la larga, políticas.

Ghosh no promete soluciones instantáneas; apuesta por la paciencia crítica y por la persistencia de la imaginación política.

¿Queda espacio para el optimismo?

El balance que ofrece es prudente. Nueve años después de publicar su conocido ensayo, muestra menos confianza en un giro rápido hacia lo sostenible. La combinación de un modelo económico cada vez más depredador y la reaparición de conflictos armados —que elevan las emisiones— reducen márgenes de maniobra. En Europa, el debate público ha virado en parte hacia la seguridad y el rearme, relegando proyectos ambiciosos de legislación climática.

Eso no significa que no exista capacidad de cambio, pero requiere prioridades políticas distintas y una imaginación pública capaz de concebir alternativas no fundadas en el crecimiento infinito.

Qué mirar en los próximos meses:

  • Políticas de compensación y financiamiento climático en foros internacionales.
  • Desarrollos en cadenas de suministro de minerales y la capacidad industrial de países clave.
  • Debates públicos que reubiquen la ambición climática frente a discursos de seguridad y rearmamento.

La lección de Ghosh es sencilla y exigente: el cambio climático no se resolverá solo con tecnologías; exige imaginar nuevas formas de convivencia política y cultural. Hoy, esa necesidad es más urgente que nunca.

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